Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

Acorralado

 —¡Qublei, esto es una locura!—.
—¡A callar! ¡Todo ha sido culpa tuya, te has portado como una perra en celo! ¿Cómo se te ocurre fornicar con ése ser inferior sabiendo que es un esclavo, tú que eres la hermana del Khan? ¡Está muerto, va contra nuestra ley! ¡Y a ti te confinaré en una de las estancias reales hasta que te eches un marido, aunque puede que no tarde mucho en darse el caso!—.
—¡Hermano! ¡Es voluntad del Cielo!—jadeó Soryatani, cogiéndole con fuerza de un brazo y mirándole con súplica, —¡Él nos protegió el día que Jerjegune quiso tu cabeza! ¡Según tus oficiales y el enemigo, el bárbaro extranjero ha derrotado al dragón del emperador y lleva en la piel la marca de los Akei! ¡He visto en mi mente que te ha abierto las puertas al imperio! ¡Mis visiones hablan de él, no puedes sentenciarle a muerte!—.
—¡Yo soy el único hijo del Cielo!—gritó Qublei, mirando a varios hombres a los que señalaba en dirección a su hermana, —¡Quitadla de mi vista!—.
Sus soldados se llevaron a la joven a su tienda. Aunque a partir de ahora, viviría en un lujoso palacio…
—¡Los signos nunca nos han mentido! ¡Un dragón matará a otro y los hijos del Lobo Azul conquistarán la tierra de los dragones! ¡Atraerás la cólera del Cielo!—gritó ella, mientras la retiraban por la fuerza del lado de su hermano, ahora el nuevo emperador.
El Khan estaba enfurecido.
Su más bella posesión, su hermana, reservada virgen para algún poderoso Khan o Rey con el que pactar una alianza, había sido desvirgada por un extranjero esclavo. Bueno, en verdad ella había dado el paso. Kerish sólo puso su instinto.
Pese a que el Khan era menor que su hermana, poseía sobre ella un derecho que los demás hombres en Ilonia podían poseer sobre hermanas o hijas, si lo deseaban: el derecho de casarlas con quien ellos eligieran. Y ellas obedecían.
La morena Ilonia lloraba. El joven esclavo sería descuartizado vivo a cuatro caballos, o a seis… y luego le cagarían en la boca o algo por el estilo.
Qublei Khan quería prometer su hermana a alguno de sus generales, pero finalmente dudaba sobre su decisión final.
Las súplicas y los llantos no le sirvieron de nada a Soryatani por liberar a Kerish. Era un esclavo que había profanado una de las mujeres de la familia del Khan, y merecía morir.
Su amigo entró en la tienda, y asintió mirando al señor de las tribus.
Qublei salió con paso precipitado, y fue  Bortochoou quien miró a Soryatani, que tenía los hermosos ojos verdes vidriosos y enrojecidos. Ella iba a perder a su amor.
Ambos hermanos de pacto se encaminaron hacia la jaula al aire libre sólo para toparse con un guardia muerto que tenía la pierna izquierda partida y el cuello cortado de un tajo, igual que el otro que no estaba muy lejos.
Su arma había desaparecido, al contrario que la del tipo con la pierna rota.
En silencio, ambos hombres tomaron sus sables y se dirigieron a un pequeño escondrijo, tras unas barricadas de madera que guardaban de las afueras del extenso aíl. Como dos pacientes lobos cazadores, Qublei y su amigo esperaron, y vieron que tras el gladiador de cabello y ropas oscuras, Lobo Negro, caminaba el odiado Kerish.
El Khan quiso ir a por él, pero su compadre fue prudente, y con una señal silenciosa, le envió a buscar la ayuda de alguien.
En susurros, Bortochoou juró que los seguiría y marcaría el camino con una flecha de su aljaba para que pudieran sorprenderlos, que no actuaría sin estar el nuevo emperador presente.
El seguimiento llevó al hermano de sangre del Khan hasta el Kuoulún, cerca del campamento y el coso de altas empalizadas donde tenía otro de los hermanastros de Qublei a sus gladiadores.
Vio que el esclavo de la larga trenza seguía prudencialmente al otro, que llevaba dos espadas manchadas de sangre.
La hoja Ilonia de Kerish aún brillaba pero estaba seca, al contrario que las de Lobo Negro.
Eso lo explicaba todo, había sido liberado… ¿por orden de Torii? ¿Y exponerse a la ira del Khan?
Había que estar loco para haber hecho eso. Pero la razón fue más que esa mera y poco probable cavilación de Bortochoou.
De alguna parte, apareció Tuoya, que iba vestida como siempre, de negro, y gritó algo.
—¡Ahora, que sus ojos contemplen por última vez mi rostro! ¡Córtale la cabeza!—.
—¿¡Tuoya!? ¿Qué significa esto?—jadeó Kerish sin comprender lo que sucedía.
Lobo Negro le miró con sus fríos ojos azules y sonrió cabeceando con la melena negra brillando bajo el sol, que se filtraba entre las doradas nubes.
—Hemos hecho un trato. Será mi zorra de lujo si te mato delante de ella por eso de haberte ido con otra. Sinceramente, ignoro quién es y por qué. Pero tú siempre fuiste el favorito del maestro en la arena, me has dejado en vergüenza, y si no te arranco la vida con mis espadas no tendré lo que quiero. No te lo tomes como algo personal… pronto seré Khan y te daré un funeral digno—rió el gladiador del cabello oscuro y ojos brillantes.
Poniéndose una máscara metálica que imitaba la cara de un lobo, como la que alguna vez llevaba su contrario pero en negra, se preparó para lo que pretendía que no fuera un combate, sino una ejecución.
El chico pálido de cabello oscuro y reflejo rojizo tensó los músculos de su cuerpo esbelto, con los hombros echados hacia atrás y la cabeza adelantada en un gesto de depredador agresivo y dispuesto a matar.
Sin más sentimiento en él ahora que la pulsante sangre llamando a la sangre, el tembloroso deseo de fría devastación, le espetó a su rival de ojos azules:
—Has elegido este lugar para luchar… ¡y yo te enterraré en él!—.

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2 comentarios

  1. …Anda que no sueña….

    *Pasa la página, absorta en el relato…

    13 diciembre, 2011 en 7:49

  2. El final está cerca…

    13 diciembre, 2011 en 19:07

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