Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

La Hora del Dragón (IV)

Su hocico perruno y cuadrado, sus largos bigotes, ardían en un brillo de oro y sus ojos de jade reflejaban una antigua maldad al mismo que de un poderoso salto, ralentizaba su caída desde la altura, y su cuerpo serpenteaba hacia la muralla.
Viendo que la bestia venía hacia él arrojando fuego, Kerish sólo pudo reaccionar con su instinto, que le hizo aferrarse a la cuerda e impulsarse con la fuerza de sus piernas hacia delante y a un lado. El dragón no se estrelló por completo contra la muralla, pero le costó rectificar el vuelo y quedó retorcido de una forma ridícula intentando estabilizarse. Se apoyó en sus patas traseras, y saltó de nuevo hacia el cielo que se tornaba sanguino como el suelo donde luchaban los humanos.
Los huesos de aquella sierpe tenía que pesar poco, porque si tardaba en caer y además podía mantenerse unos segundos en el aire, se debía a sus musculosas patas… aunque las escamas deberían de estar protegiendo, con su ligereza y su robustez, una carne liviana y débil. El joven gladiador apenas se había descolgado del todo cuando tuvo conciencia de esto, pero de una manera primal, una astucia animal, una inteligencia sin palabras que únicamente podía encontrar en sus recuerdos ancestrales, y volvió a ofrecerse en el muro hacia el dragón.
Éste, fiero y encolerizado, se impacientó del todo y descendió otra vez a por el humano que le sacrificaron, que estaba desnudo de cintura para arriba, y era vulnerable allí.
—Así como una carpa devora a un gusano como tú en un anzuelo… ¡tu cuerpo, tu sangre y tus huesos engulliré de un bocado para fortalecer mi gran poder, mortal! ¡Cuánto disfrutaré cuando canten tu desdicha!—rugió la fantástica bestia por encima de los humanos, que aterrados, se alejaban y llevaban la lucha hasta los jardines imperiales y las calles de la ciudad.
Pero al descender sobre Kerish, éste se impulsó en un acto de fe ciega o más bien fe suicida hacia el morro dorado de la bestia cuando, en unos segundos, la gravedad tiró del bárbaro hacia el suelo al soltar cuerda.
El dragón rectificó pues su trayectoria de caída, mas fue demasiado tarde. Su cuerpo alargado y serpentiforme crujió contra los enormes muros de Xihuan, partiendo en dos las murallas que eran como un único cascarón que protegía a la dinastía y sus buenas gentes de los bárbaros de las praderas, de las estepas Ilonias, y todo se convirtió en una nube de polvo. El enorme hocico del dragón descansaba en el suelo, con el largo cuello retorcido de forma anormal con la cabezota mostrando la quijada al cielo y los verdosos ojos vueltos en blanco hacia sus cejas largas y doradas. Entre los bulbosos labios rojos, aún se veían los dientes largos como espadas y la lengua bífida sobresaliendo lacia por un lado de su boca.
El bárbaro miró al dragón… sabía, o algo le había dicho, que la bestia por ligera, tenía que rectificar su vuelo si quería tomar suelo con las patas y no herirse, ni siquiera probó a herirla con la espada, pero si algo podía destruir a la bestia con más fuerza que el acero sin traspasar sus escamas, sin duda era el muro de piedra contra el que chocó y se había partido el cuello.
Así, Kerish se alejó del monstruo soltando la cuerda, yendo jadeante y mareado hacia un lugar lejos de la batalla. Todo parecía haberse detenido, pero nada más lejos de la realidad, algunos guerreros de las estepas seguían cautelosamente al esclavo sacrificial, que aún tuvo suficiente humor para pasar junto a la cabeza del dragón muerto haciéndole un corte de mangas.
—Así como la cegata gran carpa-dragón confunde un bárbaro con un gusano, éste humano te ha pescado a ti sin anzuelo siquiera, lagartija. ¡Menuda se va a montar cuando cuenten por ahí que te la he jugado…!—.
Luego, se carcajeó de la bestia, y se hizo a la huida meneando una mano con un gesto lacio pero vivaz. No mucho después, casi al llegar al jardín imperial, escuchó voces familiares, y después su cabeza chocó contra la puerta de madera roja de los jardines; perdió el conocimiento irremediablemente y a su alrededor se reunieron guerreros y jinetes Ilonios con sus espadas dispuestas a despedazarlo, cuando un hombretón de armadura azulada y ropas verdes se interpuso, con el desmelenado moño en lo alto de su cabeza moviéndose tan rápido como su curvo hierro forjado.
—Yo me encargaré de llevárselo al Khan en persona—dijo el hombretón de barba negra, mientras Bortochoou se apartaba del cuerpo de Kerish.
—Como quieras, Baitao. Dile que no me ensañé demasiado, ya que aún hemos de juzgarle—sonrió el hermano de sangre del Khan.
—¿Juzgarle? ¿Por qué, amigo Bortochoou?—le preguntó el general Baitao con su rasposa voz al joven hombre con el del azul, que ni se había puesto más armadura que dos hombreras de cuero y unas espinilleras y brazales de metal.
—Por tocar las cosas de tocar—.
Baitao rió, y se lo echó sobre uno de sus enormes hombros. Pronto, un grito de victoria común sonó en la ciudad imperial.
Xihuan ya estaba bajo el dominio de los hijos del Lobo Azul de las estepas.

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7 comentarios

  1. Guerrera Arcana

    Dragones!!! yo quiero un “desdentao”…¿me regalarás uno pa mi culpe? -haciéndole ojitos tiernos?

    30 noviembre, 2010 en 2:10

    • ¡Jajajaja no sé! A ver si cazo… 😛

      30 noviembre, 2010 en 2:32

  2. …Eh…

    …El dragón se ha “escoñao”. ¡El dragón se ha “escoñao”!

    JAAAAAAAAAAAAAAJAJAJAJJAAJJAJAAJAJAJJAJAAJAJAJJAJAJAJAJAJA CAPULLO!!!

    *Se despolola, y sigue leyendo*

    Ayns… *se limpia la lagrimita, dejándole un beso de vainilla y almendra* :*******

    13 diciembre, 2011 en 7:27

  3. Pero escoñado total. La escena del escoñamiento ha sido como sueles decir un “FUCK YEAH” ahora que me doy cuenta.
    Y bueno, por eso te dije que no sabes lo cerca que estabas con eso de que Kerish era un pedrusco para el enemigo… ¡jajajajajajajajaja!
    ¡Mmmh, tus besos alimentan lo suyo!

    :*

    13 diciembre, 2011 en 19:03

  4. …Cuidado a ver si con tanto beso me vas a acabar hecho un tocinillo de cielo. A partir de ahora, besos light.

    13 diciembre, 2011 en 19:19

  5. Pues hale, a dieta.
    Temedme, espartanos…

    13 diciembre, 2011 en 20:53

  6. Eh, en vez de azúcar, sacarina, pero las almendras igual de ricas…

    …Que una cosa es estar a dieta, y otra es ser bobo.

    13 diciembre, 2011 en 21:09

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