Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

La Hora del Dragón (II)

…O la hubiera tenido, de no ser porque el joven bárbaro se anticipó al estoque asesino de su rival, y le hizo salir por el corte de la pierna izquierda un hueso de la rodilla con la ancha hoja de su espada, gritando de furia.
El dragón rugió, entre humano e inhumano, con la chaqueta verdosa salpicada de algunas gotas rojas, y se inclinó sobre una pierna, mientras que el bárbaro se apoyaba con los codos en el suelo, boca arriba como había estado. Y, cogiendo impulso al echar las piernas hacia atrás, se levantó de un salto empuñando su espada con las dos manos, la punta hacia su enemigo mostrándole el plano inferior de la hoja del arma por el que goteaba vital rojo así el superior estaba hacia el techo y la punta amenazaba su frente. Se produjo un revuelo entre la gente congregada que rezaba con cantos protectores y cosas por estilo que Kerish no sabía lo que eran, y el ser que tenía en frente sangraba entonces como un hombre.
—Si realmente eres un dragón inmortal, no me parece que las tengas todas contigo. ¡Ve a buscar tu rodilla!—.
Kerish rió cruelmente, el dragón enfurecía y soltaba su hermosa espada de esbelta hoja forjada en bronce con láminas de hierro forjado y pulido. El bárbaro no pudo ver que una de las manos enguantadas en metal dorado de su enemigo se balanceaba y mecía de un modo extraño.
De súbito, el fuego de una de las columnas en llamas envolvió su brazo, y disparó una pira directamente desde el puño derecho, postrado como estaba. Si el gladiador no hubiese asociado en un microsegundo el proyectil mortal a una lanza, no habría podido esquivarlo al agacharse de un salto, rodando por el suelo.
De vuelta a estar en guardia, el bárbaro, sobre la rodilla derecha, empuñaba su espada con ambas manos por encima de su cabeza, en una posición defensiva, con la punta del arma hacia el dragón. Nuevamente, algo sucedió. El hombre del cabello blanco dio un grito y convocó dos columnas más de fuego, una en cada puño, y las arrojó a morder carne a partir de sus nudillos, una tras otra.
El esclavo gladiador apenas pudo defenderse de la primera, anteponiendo su espada, que perdió en el choque del explosivo rayo llameante, y otra lanza alargada e ígnea fue a traspasarle el vientre por su parte inferior, pero pudo girarse como un tornado hacia el lado izquierdo desde la derecha, esquivando por poco el impacto abrasador que quemó la túnica blanca ceremonial que le caía en un elegante taparrabo, y que sobre el pecho tenía el emblema manchado de sangre de un sol de Xihuan que encerraba un dragón alargado negro con alas en hacha. Kerish se quedó aturdido por el dolor unos instantes, el fuego le había golpeado pero no quemado, y su túnica blanca humeaba por el lado izquierdo bajo la cintura, mostrando una mancha negra. Mientras el joven estepario recogía su espada, el dragón se había recuperado milagrosamente de su herida en la pierna, y saltaba de nuevo hacia el extranjero…
¡Como si fuera una flecha lanzada desde un arco, con su espada delgada dibujando círculos acerados en el aire de los que Kerish apenas se pudo defender, recibiendo puntiagudas embestidas en los hombros, y una estocada que a poco se le clavaba en el pecho de no haberse echado al suelo de espaldas!
El dragón pasó sobre él con la estocada en vuelo y el bárbaro se apoyó con las manos en el suelo a los lados de su cabeza, con un balanceo de piernas de atrás para adelante que le impulsó a volver a estar de pie. Cuando el fantástico vuelo del enemigo había finalizado y tomaba suelo, Kerish se dio de espaldas contra una columna en llamas tras aguantar un corte de revés con su espada, y su traje se prendió de fuego. El dragón trató de atravesarle la garganta, pero su presa fue más ágil, y aún pudo esquivarle la estocada que le practicaba con la derecha, echándose hacia el flanco por el que el perfil del rival le mostraba la espalda.
La punta del arma del dragón buscó de nuevo la carne de Kerish, yendo hacia su cara con un simple movimiento de muñeca al desplazar el afilado metal, pero ya era tarde.
El bárbaro había pasado junto a la espalda del dragón cortándole por el costado con su gladio, y se disponía a decapitarle desde la izquierda empuñando la espada con ambas manos. Presto a su vez, el inmortal detuvo la espada echando hacia atrás la suya, y el metal chispeó. Así, el hombre del pelo blanco se giró y golpeó con la mano izquierda abierta el torso del guerrero, que voló con la espalda en llamas un par de metros hacia atrás.
Kerish aprovechó para rodar por el suelo y apagar el fuego de su túnica, con el corazón palpitando como un frenético tambor, y mientras el dragón se recuperaba de su herida, el sacrificio humano se deshizo de su ropa, de un tirón de una de las rajas por donde se le veía el hombro izquierdo, sin dejar de mirar a su increíble enemigo.
Al caer la ropa al suelo, blanca a tramos, amarillenta y ennegrecida, al salvaje no le quedó más que el fajín blanco de algodón y parte de la túnica de cintura para abajo que se presentaba semejante a un taparrabos. Cogió la espada con ambas manos y con uno de los filos apuntando hacia el dragón, que vio el tatuaje que cruzaba desde la cadera izquierda hasta más abajo de la cintura de Kerish.
—¡Llevas la marca del Dragón de los Akei! ¿Qué broma es esta?—.
—¿Broma? Me lo tatuaron de crío cuando me vendieron como gladiador, y me dijeron que era la marca de la victoria y la muerte. Pero resulta que hay algo más… ¡Pensé que tú podrías darme la respuesta, porque seguro que así es como marcan a tus víctimas!—gritó Kerish sin cambiar la postura, concentrándose en el siguiente ataque sin perder su foco.
Notaba que la energía fluía por él aunque sus hombros sangraban y tenía un pequeño corte bajo el pectoral izquierdo.
—El significado de esa marca no es el de mis víctimas en sacrificio. Pero es una lástima que tengas que morir sin saberlo. ¡Puedes estar orgulloso, eres el guerrero que más me ha durado desde aquél maestro de artes marciales que perdió su espada a mis manos, y con ello su vida!—.
Una suerte de embrujado fuego dorado crepitó desde los miembros del luchador de extraños ojos, y su piel adoptó una textura rugosa que al poco iba oscureciendo, dedicando al gladiador aquellos momentos en que desplegaba la grandeza oculta de su magia.
—Ha sido divertido luchar contigo, mortal, pero ahora te haré arrodillarte ante el poder de mi estirpe. ¡Contémplame!—.

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5 comentarios

  1. ¡Oh! Doble dosis en domingo 😉

    No me digas que nos vamos a quedar sin saber el significado del dichoso tatuaje ¬¬ la verdad es que me ha gustado ver cómo se defendía Kerish y nos podemos dar cuenta de que no es el héroe que todo le sale bien, sino que reboza en sus propias heridas y en la tierra varias veces. Muy visual, como siempre, en las escenas de lucha, se nota que sabes de lo que hablas.

    ¡Un beso repe de domingo! Y van tres 😛

    28 noviembre, 2010 en 21:09

  2. Te adelanto que el tema del tatuaje hay gente en la historia que parece saber algo o que no en siguientes libros, pero nunca está claro.
    Lo único que el bárbaro tendrá claro hasta ser algo más mayor es que el símbolo para los suyos es el de la fuerza y la gloria, pero que para culturas más orientales y del sur significa algo… que se verá en su momento.
    Actualmente voy por el segundo libro de la segunda saga, pero no será hasta el tercero o el cuarto hasta que dé con el chamán por cosas del destino.
    Todo forma parte de una profecía que empieza en el segundo libro de esta primera saga, y con eso, ya he dicho demasiado 😛

    29 noviembre, 2010 en 14:57

  3. …Como siempre dejándonos con la miel en los labios. Y cómo me gusta ver el estupor en el que se sumergen los adversarios al ver que el bárbaro no es un caramelito fácil de devorar… ¡Sino más bien un cudol! (Pedrusco en valenciano).

    ¡Besos de vainilla y almendra, Lobo! :**********

    Bethy

    12 diciembre, 2011 en 19:46

  4. Sí, bueno, es un pedazo de piedra, no de pan, pero qué se le va a hacer, ¿verdad?
    Ya leerás lo duro que puede llegar a ser para Dragón enfrentarse a Kerish… ¡es verídico!

    Un aullido…

    13 diciembre, 2011 en 2:15

  5. …A ello voy, a ello voy…

    Un ronroneo…

    13 diciembre, 2011 en 7:17

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