Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

El espectáculo debe continuar (VI)

Con la noche, las conspiraciones se respiran en cada esquina y son de naturales como el aire mismo. La intrigante e insatisfecha esposa del Khan no se había dado por vencida. Tenía cada trama, cada urdimbre por llevar a cabo, que parecía que sus planes y manipulaciones iban solas. Aun así no todo salía como ella quisiera y tenía que vengarse de todo y de todos, tenía que hacerlo y ya. Estaba desesperada. Ni los guardias, ni los mercaderes, ni nadie cercano ni lejano. Su corazón colapsaba de pena y odio cerril ahogándose en su propia y miserable vida. Estaba sola y no tenía nadie que la ayudara.
Pero supo a quién recurrir.
Escogió el momento de desaparecer del aíl y llegó hasta el Kuoulún, donde se encontraba la solitaria silueta del guerrero de pieles negras con el cabello oscuro, observando la luna como un lobo, aullando suavemente, para que su voz hiciera eco hasta las otras gargantas lupinas que le respondían desde los bosques.
—Hola, guerrero. Es una hermosa noche para… aullar a la luna—sonrió Tuoya.
—En una noche como esta, cuando me fui de casa, no tenía otra compañía que los aullidos del lobo. Me siento muy ligado a ese animal—susurró Lobo Negro.
Tuoya se le acercó más, con las manos en el talle, y prudentemente, le miró a los ojos. Eran fríos, glaciares, sabía que podía contar con él.
Eran los ojos de un asesino sin escrúpulos.
—¿Sabes? Me he dado cuenta de que tú y tu hermano os respetáis mucho—.
—Él no es mi hermano, si te refieres a Kerish. Sólo le respeto, por no cortarle la garganta—bufó Lobo Negro, cruzándose de brazos con gesto ofendido.
Sus brazos voluminosos al apretarse en el gesto, por fuera de la túnica de pieles, eran fuertes y más definidos que los de su antagonista.
Tuoya se precipitó sobre él, poniéndole sus esbeltas y blancas manos en los hombros, apretándoselos con una de sus ardientes miradas hacia la claridad azul de los ojos del joven.
—Claro, ¿cómo podía ser hermano tuyo, si tus brazos son más grandes que los de él? Tu pecho más fuerte. Tus espadas más rápidas. Tus ojos, preciosos…—susurraba ella, elogiando sus atributos.
Estaba enamorado de Tuoya, no era sólo pasión o ganas de separar sus piernas. Era una belleza que le encandilaba, tenía esa expresión de águila despiadada, y luego estaban sus labios, sus deliciosos labios.
Acercó su rostro al de ella, y la abrazó, estrechándola suavemente, mientras Tuoya le miraba con desconcierto.
—¿Qué haces? ¿Sabes que puedo decírselo al Khan y él te descuartizaría a seis caballos?—.
—Hace un momento susurrabas como una amante y ahora lo haces como una serpiente. Pero me vuelves tan loco que me importa un bledo tu veneno—jadeó él.
—¡Ya veo que estás loco! ¡Quítame tus zarpas de oso de encima o morirás!—gritó Tuoya, forcejeando contra el abrazo de Lobo Negro.
—¡Que me mate! ¡Pero antes, te tendré gimiendo como una perra debajo de mí!—pronunció con pasión el gladiador, y le mordió el labio inferior, tirando de él para luego engullirlo con lascivia.
Luego, ella cesó de luchar y se rindió a su beso… su deseo casi liberado del todo le arrebataba por poco la voluntad a la esposa del Khan, y más aún, estar segura de que contaba con una buena ventaja para lo que planeaba.
Se separaron un poco, y le acarició entre los pectorales por encima de la túnica con un dedo.
—Quiero tenerte ahora, Tuoya. Y lo haré a cualquier precio, aunque sea la muerte—le reveló el joven, cerca de su oído derecho.
—Me tendrás a ese precio, entonces. Quita del medio a tu querido hermano, y seré sólo tuya—sonrió la joven mujer de ojos dorados.
—No mataría a alguien por capricho de una mujer. Ofréceme dinero, o mejor, ¡ofréceme el trono del Khan!—sonrió Lobo Negro, apartando un poco a Tuoya para mirarla a los ojos.
Ella apretaba la frente, gruñendo con una mueca que afeaba su rostro y lo transformaba en el de una perra rabiosa.
—¡Pues si no matas a Kerish delante de mis ojos, jamás seré tuya! ¿Quieres ser el nuevo señor? ¡Lo serás, mátalos a los dos! ¿O te falta valor para tomar lo que quieres, esclavo de mierda? ¿Es eso? ¿Por quién me tomas? ¡No estaré con otro sino con el que se haga Khan por sí mismo!—gritó ella, apartando a Lobo Negro con un empujón.
Y cuando él la asió por un brazo, ella le soltó un guantazo con la mano del brazo libre, el derecho, cosa que a él le divirtió. Le ardía la mejilla, pero tal gesto le hizo elevar las comisuras de la boca.
—Cálmate… Lo haré, pero tienes que prometerme que serás mi puta—rió él, mientras tiraba de Tuoya, y luego la dejaba caer tras hacerle una zancadilla.
Ella se recuperó de la caída lentamente, y herida en su orgullo y maquinando grandes planes, le miró fijamente relamiéndose el labio inferior, pensándoselo. Le daba igual. Quería a Kerish muerto por despecho, y quizá pudiera utilizar a Lobo Negro para asesinar al Khan y vengarse por partida doble, serían dos pájaros de un tiro. ¿Por qué no? Después de todo, el joven gladiador de ojos azules también quería deshacerse del otro muchacho, que le había eclipsado a ojos de su maestro incluso para morir con honor delante del dragón del emperador. Sería recordado por todos mientras que él tendría un tiempo de vida como nuevo entrenador y señor de gladiadores. Moriría sin más en un lecho, ¿qué otra cosa le esperaba si no conquistaba ahora su destino?
Ella aprovechó esa rivalidad animal.
—Seré tu puta—.
Las palabras de Tuoya confirmaban que el sueño de Lobo Negro iba a cumplirse, y todo lo que tenía que hacer era matar a su hermano de espada. Las mujeres de aquel mundo no siempre tenían igualdad de condiciones frente a un varón, pero su idea de la igualdad era que los hombres podían ser manipulados para algo provechoso y que a ellas les beneficiara.
Las féminas no tenían la fuerza física de un hombre, pero tenían otras tretas, y a pesar de que algunos varones habían asesinado a sus mujeres por celos o cualquier otro motivo perturbado, las mujeres también eran asesinas implacables. Sólo ocurría que las leyes de las tierras civilizadas así como las morales penaban más a los hombres agresivos que a las mujeres agresivas, trastornadas en su personalidad. Se tomaba al sexo femenino por débil erróneamente, sólo porque no estaban dotadas de la naturaleza fuerte que, en general, solía tener un macho, y la explicación que daba la ley y la corte de juicios era que si una mujer amenazaba de muerte o mutilaba a un varón, sólo estaba muy dolida mentalmente y que el dolor la hacía enloquecer involuntariamente. A ojos de todos, las mujeres no violaban ni asesinaban a sangre fría, ni se aprovechaban de otros hombres para cometer homicidios, pero lo hacían. Tras el telón, claro que lo hacían, siempre lo habían hecho.
Los cultos hembristas habían erosionado por tan dentro la férrea ley, que el concepto de una mujer en la civilización de puertas para afuera presentaba la imagen de la sagrada maternidad que protegía a sus hijos de un malvado varón, el cual los educaba en una “horrible costumbre machista”, como si el gobierno de tipo patriarcal oprimiera a la mujer cuando en realidad, no otorgaba responsabilidades al cabeza de familia que era de quien se esperaba guiar a la misma en la prosperidad y la salud. Proteger a la mujer y los hijos, proteger a la familia, estaba en el hombre. Y las aborrecibles y torcidas hembras que existían, distorsionaban este hecho a conveniencia de sus fines.
Pero en las tierras salvajes no había tanta hipocresía y era una realidad tan cierta como la erección de Lobo Negro ante la promesa de abrir las piernas de Tuoya, que le había encargado un cruel homicidio contra alguien de quien se había aprovechado sexualmente con un obligado consentimiento debido a su posición de poder, empleando el chantaje, la extorsión y todo por mero y vil deseo de cumplir sus perturbados fines. Las mujeres también confabulaban, violaban y asesinaban, y disfrutaban con ello tanto como los hombres que lo hacían, fuesen de la civilización o no… había hombres malos tanto como mujeres malas.
Desde luego, Tuoya aprovechaba su condición de mujer “desvalida” para ello como tantas otras que recurrían a sus estratagemas para conseguir lo que deseaban en cualquier parte del mundo.
Tal era el paisaje de las pasiones desbordantes y traicioneras, mas a Lobo Negro le daba igual.
Él podría vengarse, hacerse con la mujer que quería, y de paso, ostentar el rango de Khan aunque el poder tras el trono fuera la mujer de ojos de miel. Pero debía apresurarse.
Mañana, llegaría la Hora del Dragón.

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7 comentarios

  1. Si es que era de imaginar que estos dos se fueran a aliar al final, cada cual por sus motivos, es cierto, pero a fin de cuentas por motivos muy muy egoístas y traicioneros. Es cierto, hay mujeres malas y hombres malos, y mujeres que manipulan hasta a su padre si tienen la oportunidad de hacerlo, lo mismo que hay hombres que también lo hacen. Cada cual tiene sus tretas, y cada vez estoy más convencida de lo que Hobbes dijo hace ya unos cuantos siglos, que le hombre es lobo para el hombre.

    Pues mira, como te has quejado 😛 te quedas sin beso del sábado

    27 noviembre, 2010 en 15:12

  2. Kerish

    No me quejaba, pero bueno… me debes ración doble para mañana 😛

    27 noviembre, 2010 en 15:14

  3. No sé yo, no sé yo, al menos esta semana te has portado y me has dado mi ración 😛

    27 noviembre, 2010 en 15:15

  4. …Ya conoces mi opinión obre las que usan el sexo y la ternura como armas o moneda de cambio.

    ¡Y como te prometí, hoy terminaba de leer este episodio!

    Ahora voy a controlar el fuego de la chimenea… ¡A ver si algún día me cuentas alguna otra historia al calor del hogar!

    Besos de almendra y vainilla :****************************

    Bethy

    11 diciembre, 2011 en 22:39

  5. La cuestión como sabes no es nada nueva en la literatura, y siempre ha sido un elemento que nunca se ha notado por la sutileza que en verdad lo enmascara. Una guerra que empieza por deseo carnal (baste nombrar el origen de la leyenda Artúrica), o un joven iluso enamorado de una manipuladora mujer que lo enfrenta a un odiado marido para librarse de él.
    Incluso, gobernar desde la espalda de un monarca al que la corona le pesa y el amor hace flotar lejos de la tensión de una tierra al punto de la rebelión, convirtiéndole en enemigo de todos (ha sucedido en nuestra historia humana).
    Sí, conozco tu opinión 😉
    Es un honor que te interesen tanto estas letras, aunque seguro que estás descubriendo mucho de Kerish y el mundo del que viene, y qué le hace ir en la dirección que va.
    Puede que hasta ya supieras por ti misma cosas anteriormente, y ahora las vieras confirmadas. Me sentaré contigo frente a la chimenea a descansar un rato, el calor es bueno, y la compañía frente al fuego siempre es motivo de gozo.

    Te dejo un… bueno, ¿”something” de fideos chinos con ternera?

    Un mordisco.

    11 diciembre, 2011 en 23:26

  6. ¡¡Tus “something” son siempre una alegría para mi!!

    Y no me es ajena la historia de las mujeres manipuladoras, sobretodo en la literatura. Lady MacBeth (no, no es familiar mia), Morgause, Viviana, Helena de Troya, la propia Cleopatra, y tantas otras mujeres cuyo poder no venía de su propia fuerza bruta sino de la intriga interina de un reino y sus entresijos de alcoba… Venenos, hechizos, mentiras tejidas con maestría que no hacían otra cosa que perpetuarlas en el poder.

    Las armas de mujer, usadas para mantener un régimen dudosamente justo, son tan viles como la tiranía más cruel de un hombre. Sólo cambia la mano que sujeta la espada; en vez de la del rey sanguinario, a la del asesino manipulado por una reina cruel y sus probablemente lujuriosas promesas.

    Sabes que me interesan las historias de esas mujeres, porque todas tenemos en nuestro interior ese germen egoísta y ególatra (parafraseando a Galadriel “el el sitio del Señor Oscuro instalarás a una Reina, no oscura pero sí hermosa, traicionera como el mar, más fuerte que los cimientos de las montañas, todos me amarán, desesperados…”), y cuya única forma de vencer ese “lado oscuro” es verlo, enfrentarse a él, reconocer que lo tienes, y saber qué es lo que más importa.

    …Y menuda conferencia acabo de dejarte. Jajajajajajajajajajajajajajajjajajaj

    Sabes que hay una butaca extra junto a mi chimenea, y sitio en la mesa, así que, cuando tu camino errático te traiga por aquí cerca, sólo golpea con los nudillos y serás siempre bienvenido.

    Un beso de vainilla y almendra :*************

    Beth

    11 diciembre, 2011 en 23:44

  7. En todo caso, una información apreciable y un punto de vista bastante acertado sobre “qué es lo que es”.

    Me quedo el beso, ¡y me lo como!

    ¡Un saludo!

    12 diciembre, 2011 en 17:37

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