Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

El espectáculo debe continuar (V)

En el interior, de detrás de unos baúles, salió la fuerte figura de Bortochoou, con su gorro de cuero forrado de lana de oveja y un del azul. Se sentó junto a Qublei y le pasó el pellejo de licor Ilonio.
—Ya no podía esperar más—sonrió el mejor hombre y hermano de sangre del Khan, ahora un triste viudo.
—Ni yo, amigo mío—.
—Lo que te ha contado es cierto, y asumo la responsabilidad. Ella me dijo lo enamorada que estaba del gladiador… intenté aconsejarla lo mejor que pude, es como mi hermana. Siguió su corazón con toda la certeza pero su mente no es tan consciente del suelo como lo es del cielo—.
—¿Sabes qué aprecio de ti, Bortochoou? Tu lealtad y el honor de afrontar las cosas. Nunca me mentirías ni para salvar tu pellejo—sonrió el Khan al dar un sorbo al airak, en tanto que el otro guerrero de las estepas le arrebataba con una risilla maliciosa la bebida para darle un largo trago.
—Te lo digo en serio, Qublei. ¡Si el precio es la ejecución, que me lo pague tu espada en mi cuello! No daría la vida más que por mi hermano y lo haré con orgullo—.
—Es mi orgullo, herido y henchido, el que te considera tal como eres el mejor y el de mi sangre. Háblame de ése chico…—.
—No hay nada que ya no sepas. Y mañana, quién sabe si morirá. El destino no está claro, sólo veo el camino desde el origen. Conozco al joven hombre desde que Torii lo trajo a su pequeño campamento, y podría ser tu cuñado, un gran cuñado. Pero es un esclavo, y se le ha marcado para la muerte—aseveró Bortochoou, encogiéndose de hombros mientras le pasaba el pellejo de airak al Khan.
—No pienso liberarlo para formar familia. Los hijos de mi hermana no vendrán de un esclavo, ¡y menos de uno que la ha profanado! ¿Debería perdonar a mi hermana, amigo?—.
—Deberías abrazarla y demostrarle que ella no es un objeto con el que comerciar. Ella te quiere y te respeta, pero teme por sí misma en tus manos. Es sangre de tu sangre, más que yo. ¿Merecería el desprecio o el látigo por escuchar su corazón como tú lo hiciste? Nuestra cultura protege a los nuestros, y entiendo que Kerish no lo sea. Aunque si quisieses, eso podría cambiar—.
—Pues no quiero. Y como has dicho antes, ya se ha decidido el destino del muchacho. Que ella lo llore, tendrá derecho, pero el hilo de sus vidas será cortado por mi mano y no volveré atrás. Hay mucho en juego y ya hemos movido las piezas. Sí, la perdonaré. La perdonaré, ¡pero no sin reprocharle su error!—.
—Te pagaría un valle entero de caballos si lo tuviera para casarme con la dulce Soryatani y darte sobrinos locos y guapos. Pero ella ama a otro hombre de vida corta, y ni tú ni yo podemos quitarle el derecho de amar a quien desee. Sólo vivimos una vez—.
—Ojalá todo fuese tan sencillo. Somos de distinta madre, y quizá eso me hace sentir menos aprecio del que debo por ella, pero por otro lado, no dejaría que ningún hombre indigno la manchase. Debería matarlos a los dos como castigo, son una mujer y un perro esclavo. Los castigaría a ambos y punto. ¿Realmente haré bien pasando por alto su indiscreción? ¿Por qué siento apego y asco a la vez que deseo impartir justicia con mi sedienta espada? ¿Me equivoco o soy justo? ¡Ser el señor de mi pueblo es una gran carga! ¡La cabeza tengo llena de aullidos que no me permiten conciliar el buen sueño!—gruñó el líder de las tribus, a todos los efectos un rey y como tal, aquejado por las presiones del liderazgo.
—Tú eres el Khan. Yo invité al esclavo a comer con nosotros por requerimiento de tu hermana, con tu mandato, pero supe que ella quería tenerlo delante como a una persona corriente. El amor es puro, amigo mío, y tu hermana sigue siendo pura—.
—Hablas con el mismo amor que yo hablaría, amigo, aunque en estos momentos me arde el estómago. Tendré que perdonarla. A él no… ¿Y si lo entregamos como tributo? Es fuerte y seguro que nos daría suerte el sacrificio. Otro nombre en la muralla roja—.
—Tomes la decisión que tomes, castígame a mí, pero no a ella. La quiero tanto que me quitaría la vida si la viera marchitarse triste como una flor sin tallo. Tampoco tienes por qué castigar a Kerish, nos ha servido bien. ¡Envía un prisionero Aolita! Seguro que las mandíbulas de la bestia no notan la diferencia—.
—Sincero como siempre, hermano. No seré demasiado duro con ella, pero a ése cachorro inmundo y miserable le espera lo que debe esperarle. Hice un pacto con el Padre Cielo, amigo. Jamás deshonraría a los dioses, y de todos modos, es tarde para cambiar de opinión. ¡Los demás me verían débil si le perdonara! No podemos dejar que eso ocurra, no ahora que estamos tan cerca. Además, él no es de los nuestros, es un esclavo porque es débil y nosotros fuertes—.
—Qublei…—le interrumpió su hermano de sangre.
—¿Qué más tienes que decir?—.
Tras un silencio, Bortochoou le recordó un proverbio ancestral, volviendo a hablar poco más tarde de destensar el cuerpo, nervudo, por nombrar sobre los dioses y sus pactos con los hombres.
—No menosprecies a un cachorro débil, pues podría convertirse en un tigre feroz—.
El Khan se acarició la perilla que se estaba dejando y los bigotes, y miró hacia el fuego. Sus ojos brillaron sobre las llamas, y luego se giraron hacia su hermano de sangre y alma. Continuaron después, cortando la anterior conversación al tratar sobre un plan de ataque a la capital del imperio.
Luego de acordar los pormenores, el Khan puso una mano sobre uno de los robustos hombros de Bortochoou. Él había consentido a su hermana, así que tanto su hermano de sangre como Soryatani y él eran culpables de lo mismo. Igual se salvaría Torii y todo quedaría en una reprimenda para la princesa, pero si quería ser el nuevo emperador, si quería que su campaña empezase bien desde el principio, debía jugar bien la partida con la sabiduría del Lobo Azul.
Pero, ¿cómo hacer lo que era correcto para el corazón de la joven y cómo hacer lo correcto para el Khan y su familia? ¿Cómo podía afectar positivamente todo para su plan de conquista?
Sí. Qublei ya estaba pensando en otra cosa más.
—Sabes, Bortochoou… no te va a hacer falta ese valle de caballos—.
Contrariada y sin saber apenas sobre el sacrificio ni dragón alguno, consideró que era suficiente y se marchó.
En el exterior de la tienda, Tuoya lo había escuchado a la perfección. Obviamente, ella tuvo otras intenciones y lo último que quería era que su trabajo para fastidiarlo todo se quedase en una sonrisa, una boda y todo perdonado.

 

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5 comentarios

  1. Ya me dijiste que las cosas se complicarían, pero pufff. Mal lo van a pasar separados, pero visto la situación es lo más lógico. Veamos a ver qué sucede cuando Kerish se tenga que enfrentar de su destino.

    Un beso de viernes saboreando un par de días de libertad ya

    26 noviembre, 2010 en 9:14

  2. Kerish

    Heheheheh, sí, bueno…
    Pronto verás lo que pasa a continuación, y en cuanto a ti, voy a tener que bautizarte como “besadora de la semana” 😛

    26 noviembre, 2010 en 23:15

  3. ¡Valle de los Caballos! (Se aferra a su Crídhe natal)

    …Me tienes en ascuas. ¡Espera! ¡Si no tengo que esperar a que publiques, si está todo subido! WOOOOOOOHOOOOOOOOOOOO!!!!

    11 diciembre, 2011 en 22:33

  4. Mmmh, no todo. Aunque hazme caso, de aquí a que llegues al final te juro que tendrás un subidón y te sorprenderá cómo queda la historia y cada personaje.
    Además, tengo otra sorpresa guardada, pero no precipitemos los acontecimientos… ¡sólo digo que te gustará!
    En cuanto al “Valle de los Caballos”, puede que pronto lo conozcas.

    ¡Un saludo, nos leemos por aquí!

    11 diciembre, 2011 en 23:20

  5. ARGH! Y que siempre me tengas que dejar ahi con el regomello…

    11 diciembre, 2011 en 23:22

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