Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

El espectáculo debe continuar (IV)

Semana y media más tarde, el señor de las hordas regresó y fue recibido en una fiesta de bienvenida y de despedida: por el triunfo en Xihuan.
Todo estaba dispuesto para liberar a sus lobos y luchar a todo o nada en un único combate. Qublei no se había hartado de tanta leche fermentada de yegua como acostumbraba, y por ello su mente funcionaba con más claridad. Se encontraba con poco apetito, sentado y meditando, allí en su tienda. El emperador de Xihuan había exigido el tributo acostumbrado de cada año, el mejor guerrero de las hordas. Antiguamente era uno cada diez años, pero él no arriesgaría a nadie. La última vez, Bortochoou se quedó sin hermano. Un honor religioso y una honra ancestral en morir a manos del dragón del emperador se consideraban tales, que los nombres de los ofrendados ocupaban un lugar importante en una losa roja que había como monumento en memoria de los sacrificios por el poder y la gloria del reino. De todo el imperio Xin.
Pero el Khan no lo veía así… un dragón, desde tiempos ancestrales, era para él una criatura maligna que trataba a los humanos como si fueran ovejas a las que sacrificar para saciar su voraz apetito. No sólo eso, sino que había dragones que no eran meras bestias. Según el vulgo, algunos podían tomar forma humana, o incluso hacer magia. Empero pocos dragones debieron existir (o seguían existiendo) así, pues era una patraña que un reptil acaparase el saber arcano tan exagerado que se le atribuía en las leyendas, y las leyendas solían exagerar las verdades. Por supuesto, no todas las leyendas eran mitos sin verdad…
Su ancestro Khromme fue un Akei de pura raza. El Khan lo sabía.
Y algunos de los suyos también lo sabían, pero se callaban. Esperaban el momento de sublevarse contra el emperador, reuniendo todas las fuerzas posibles y vengar la milenaria afrenta. De ahí que quisiera, preferiblemente, un pacto con los Aolitas.
Ahora, los tenía bajo su férreo puño, a ellos y a muchos más, pero la ciudad imperial estaba fortificada. Xihuan poseía soldados entrenados en distintas artes marciales y que utilizaban los puños y los pies con una destreza increíble, tan letales como las espadas y las lanzas.
Era un mundo por conquistar que el Khan jamás tendría en sus manos, pero él tenía la sangre de los Akei, aunque corrupta, corriendo por sus venas. Todo se lo debía a aquél reyezuelo loco, que exterminó a su gente hacía generaciones, emergiendo de señor de la guerra hasta el salón imperial.
Llegaría el momento en que Qublei se echaría como un lobo salvaje sobre el pomposo hijo de puta que sentaba su trasero en un trono que no merecía, y entonces… entonces sería el rey del mundo. Sólo necesitaba unirse más a sus gentes, unir a más pueblos, y el poder vendría de su cimitarra Ilonia como un rayo libertador, así como la muerte vendría de su espada ken.
Alguien entró en la tienda, con la mirada sumisa y hacia el suelo de un esclavo triste, pero que ardía con un interno fuego dorado y vengativo en los ojos de Tuoya.
—¿Qué quieres?—le interrogó el joven Khan, sin dirigirle la mirada a la mujer.
—Sólo estar contigo, mi señor—suspiró ella, de tal forma que ni siquiera se notó el sarcasmo y el ardor con el que escupía las dos últimas palabras.
—¿Tú? ¿La que menos gime de mis mujeres?—sonrió Qublei, —Ahora dímelo en serio. Quieres algo, ¿verdad?—.
Tuoya se reprendió a sí misma mentalmente, mientras se arrodillaba delante del Khan, mirándole suplicante, lo más suplicante que pudo fingir.
—Algo difícil tengo que contarte. Pero antes, te ruego que no me cortes el cuello, oh gran Khan, pues mis palabras podrían profanar tu orgullo y cegarían tu corazón de tal forma que desearías matarme. Tengo una gran culpa que confesar—.
Qublei entrecerró los ojos, y cruzando y descruzando entre sí las piernas, apoyó el codo derecho en la rodilla derecha, y la barbilla en la mano diestra, con la contraria sobre el costado izquierdo.
—Habla—replicó secamente.
—Se trata de tu hermana Soryatani, tiene un amante. Sabiendo que querrías que ella fuera tu unión con la sangre imperial tras la conquista a su dinastía que tantos años has planeado, creí que era mi obligación como esposa decírtelo. Prevenir tu deshonra, gran señor—.
Tuoya bajó la cabeza de nuevo, y Qublei permaneció quieto, impasible, pero con el rostro enrojecido de ira. ¡Su hermana, su bien más preciado al igual que su caballo, Espada Que Baila!
—Si es verdad lo que dices, ¿cómo te has enterado?—susurró con suspicacia el Khan.
Ella no se demoró en explicarse. La técnica del doble rasero, siempre tan apta si se podía manejar bien.
—Una noche he seguido a tu hermana, simplemente por mera casualidad porque algunas veces paseo sola, y me quedo a ver el reflejo de las estrellas que flotan en el río Kuoulún. La vi yendo hacia el coliseo que había montado tu abuelo, a imagen de los de esos pueblos de “ojos redondos” del sur, ¡y la encontré juntando su tripa a la del esclavo pálido! ¿Qué clase de mujer te desobedece, quizá creyendo que no temerá tu ira por este ultraje a tu voluntad, mi señor? Si todos se enteraran… ¡Él le metió esa gorda tranca hasta el fondo, una vez y otra, tomando lo que no le pertenecía! ¡Debe ser castigada!—.
Quizás Tuoya hubiera querido decir “Me robó la gorda tranca que yo quería meterme hasta el fondo una vez y otra”, pero de haber expresado que lo que sentía eran unos horribles celos y que se tiraba sin penetración a aquél chico de 17 años para el que tenía planes sexuales de lo más turbios, lo cierto es que la que hubiera estado en peligro hubiera sido sin duda ella misma.
Quería a Kerish, quería a Soryatani lejos de él y que fuera castigada por tocar lo que le pertenecía por derecho, uno que ella misma se había atribuido. Qublei miró iracundo su espada ejecutora. Una mujer Ilonia no era de otro hombre hasta que le daba un hijo, su primer pensamiento fue matarle a él y casarla precipitadamente con algún jefezuelo de tribu con el que pudiera vivir con relativo lujo. Pero por otro lado, estaba demasiado abatido pensando en su gran plan de conquista, y en entregar el sacrificio al dragón del emperador. Costumbre impuesta antaño, aún en rigor para glorificar más al emperador de Xihuan y que no descargue la cólera de su mítica bestia. Algunas leyendas de boca en boca entre los Ilonios hablaban de un temible monstruo que destruía a los hombres en batalla, y que por eso se sacrificaban siempre a los buenos guerreros, para mantener saciado a este ser y que, acompañado de un tributo al emperador, significaba paz para todos con la sangre de sólo uno.
Así asintió:
—Ella nunca ha sido de ningún hombre, puedo comprenderlo, pero ese asunto ya lo discutiré—.
—¡Mi señor, si ella no teme tu represalia es porque eres demasiado misericordioso! ¿No sería mejor mostrarle que debe respeto y obediencia al hombre que la debería haber casado con un rico general, al hombre que pronto va a conquistar todo este país, este Imperio de los Dragones?—le insistió Tuoya, pero Qublei tenía una paciencia infinita.
—Dime, fiel esposa: ¿has nombrado antes el hecho de pasear sola?—.
—Sí, mi señor—.
—¿Por qué paseas sola?—.
—Porque así la mente se libera de las presiones del día y tú entiendes mejor que nadie esa carga sobre la frente—.
—¿Y tú no tenías unas guardianas? ¿Tus dos guerreras que podían tumbar a varios hombres? ¿Ellas iban contigo en esos paseos o ibas sola del todo?—.
Ahí el señor de la guerra se fijó en la reacción del rostro de la mujer, aunque no acertó nada más que a discernir con un breve silencio antes de mover los labios que ella permanecía tensa. Provocaba ese efecto en la gente, no le dio mucha importancia pero le preocupaba su seguridad.
—Claro que venían conmigo, mi gran esposo. Siempre—.
—Diles a las dos que vengan y que den prueba como testigos—.
—Mi Khan, ¡ya lo hice! Pero temían tanto tu cólera que se negaron y prefirieron quitarse la vida luchando entre sí antes que desairarte. Ha sido un horror pero prefirieron darte sus vidas en prenda. Yo misma pensé en ello, pero dejé caer la daga antes… antes que poder decirte con la boca lo que no podría con mi fantasma. ¡Te temo y venero, marido, como todos te temen y veneran! Pues tienes mucho poder en ti y más ahora que vas a ser por completo el amo del imperio de Xihuan—.
—¿Dices que se mataron antes que confirmar tus palabras? Aunque es cierto que soy tan temido como querido, no imaginaba ese rasgo en aquéllas dos guerreras entrenadas para ti y que eran como hermanas o incluso hijas: temerme más que a su ama. Todos los que venimos del Lobo Azul como hijos suyos inspiramos eso. ¡Basta entonces de este asunto! Quiero tu palabra de honor. ¿Me la das de que cuanto has dicho es verdad?—.
Ahí no hubo de pensarlo mucho porque conteniendo una sonrisa y empleando los espasmos de los músculos de su rostro, la Ilonia pareció en cambio demostrarse sobrecogida y dos lágrimas descendieron desde los párpados inferiores hasta las comisuras de la boca.
—¡No hay mayor castigo que una deshonra para mi señor! ¡Digo la verdad! ¿Iba a llorar entonces si no lo fuese? ¡No puedes dejar la traición impune y que las dos almas de mis guardianas hayan partido en vano al eterno cielo azul!—.
—¿Es entonces el castigo lo que quieres para mi hermana?—.
—Es justicia lo que quiero para mi Khan—jadeó sumisa, cerrando los ojos, con cara de ir a llorar de nuevo a lágrima suelta a la par que encogía los hombros.
Qublei abandonó su pose y la abrazó, mientras ella ponía la cabeza en el hombro izquierdo de él.
—Tuoya, has obrado bien. Te quiero, y te agradezco que me lo hayas contado. Me encargaré de ello mañana—sentenció el Khan, mientras su esposa le miraba con ojos vidriosos, excusándose, y se retiraba de la tienda de Qublei.

 

 

 

Anuncios

5 comentarios

  1. Joder, si es que ya tenían que aparecer los celos de por medio ^^U. Mira que podemos ser cabronas y manipuladoras las tías, en serio. Afú, tengo que leer más hacia atrás para enterarme bien quien es Touya porque está en la parte que aún no he leído, pero con esto ya me ha caído gorda.

    La que se les viene encima a los dos madre mía… A ver lo que hace el Khan, pero me da a mí que nada bueno :/

    Si es que no me dejas ponerme tierna agusto, jo. Muchas gracias por la dosis diaria 😉 ahora ya me puedo poner con más fuerzas a seguir leyendo sobre la América hispánica 😛

    ¡Un beso de jueves que saborea ya casi casi el fin de semana!

    25 noviembre, 2010 en 11:16

    • ¡Me alegro!
      En cuanto al Khan, buf, no tiene pensado nada halagüeño para el gladiador, no…
      Y gracias a Tuoya y el asunto del emperador la cosa está a punto de reventar por donde no te lo esperas :p

      25 noviembre, 2010 en 11:25

  2. ¡¡¡¿PERO SERÁ MALA ZO….?!!!

    Emmm, perdón. ¡Menuda pécora!

    …Zasca, zasca, zasca, le daría de hostias!

    11 diciembre, 2011 en 22:17

  3. Tuoya sí, es mala remala, por si lo habías dudado en episodios anteriores.
    Dicen que la vida pone a la gente en su sitio, Iracebeth, pero… ¡Kerish tardará menos tiempo en hacerlo!

    ¡Un mordisco! 🙂

    11 diciembre, 2011 en 23:16

  4. La vida pone a la gente en su sitio, pero la muerte lo hace antes, más rápido y más efectivo. Y me mola que Kerish lo haya comprendido a la primera. ZASCA!

    Y cuidao con esos mordiscos, a ver si un día se irán de madre…

    11 diciembre, 2011 en 23:21

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s