Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

El espectáculo debe continuar

Una vez estuvieron en la tierra natal de Torii, Lobo Negro y Kerish se presentaron ante su maestro tras los entrenamientos. El Ilonio les sonrió mientras les ofrecía un tazón de té caliente a cada uno, de rodillas sobre la estera en su yurta.
—Los dos habéis culminado años de entrenamiento alcanzando casi la perfección, en tan poco tiempo. Aun así el destino os depara otra senda—.
—¿No soy perfecto matando, maestro?—inquirió Lobo Negro.
—Lo eres más que otros—respondió el maestro de gladiadores, —También lo es Kerish—.
Les miró fijamente a ambos unos instantes, habían sido como hijos para sí mismo, sus alumnos más jóvenes. Más o menos les conocía a cada uno su parte; el del cabello negro no era un misterio para él…
Se trataba del hijo de un norteño que había pasado la vida en los bosques, en una cabaña, y que se casó con una salvaje que había salvado de una cuadrilla de esclavistas, aplastando los cráneos de todos ellos a golpe de mazo.
No había tenido más en su vida de su padre, desde que su madre enfermó terriblemente y permanecía en la cama con horribles dolores en el pecho. Su progenitor se hizo soldado en algún reino del sur y había vuelto derrotado y sin blanca, y vender pieles de lo poco que cazaba no ayudaba a mantener a su mujer y a su hijo. Una noche, en la pequeña cabañita del bosque, el joven estaba entrenando como un día cualquiera, a los doce, con dos espadas cortas que le cogía a su padre a escondidas. Había observado los movimientos del hombretón de barba corta y cabellos largos durante meses y los imitaba con fanatismo. Sólo eso de admirarle de lejos y crear un vínculo con esas armas había conseguido suplir la falta de afecto que su padre le había causado. Su madre ya ni hablaba, y aquella noche fue a verla, por última vez. Seguía estática en esa solitaria y fría habitación, con sus ojos azules puestos en el techo, apenas parpadeaba, pero respiraba. El dolor se había extendido como una ponzoña hasta su centro neural, y ya no tenía salvación.
Se meaba encima, se cagaba, no comía ni bebía, y la muerte no venía a librarla del calvario. Un calvario que ya no sentía en su piel, porque por fuera, ya estaba casi muerta. Lobo Negro se tragó sus lágrimas y le clavó al unísono las espadas de su padre entre los pechos, destrozando su corazón.
Los gélidos iris azules empequeñecían mientras las pupilas, aliviadas, aumentaban de radio. Abrazó a su madre, ante la mirada furiosa de su padre, que le dio una paliza que podía haber sido terminal.
El joven explotó entonces desde dentro, mirando con sus frías pupilas a su padre, y le cortó los brazos por la zona en que se unían al torso, fortalecido por el dolor y la rabia.
Cuando su padre cayó al suelo, entre estertores y chorros generosos de sangre, el joven Lobo Negro le dio una muerte demasiado piadosa  con una estocada en la nuca. Con el cuerpo dolorido, se sentó tranquilamente en la mesa donde compartían tantas veces la comida, y sin arrepentimiento, engulló el plato de lentejas con carne de ternera que su padre había dejado humeante en el salón. Desde entonces, su trato hacia todo el mundo había sido así de frío, cruel si podía, y dañino.
Eso hizo que Torii se fijara en él cuando lo capturó a costa de las vidas de seis hombres.
Se ganó su nombre por llevar siempre una pelliza negra de lobo y comportarse despiadadamente. Era el asesino perfecto. En cambio, el otro tenía muchas cosas en contra.
Todo su ser en contra.
Pero le agradaba matar, disfrutaba con la sangre, aunque no con la crueldad, y lo único que sabía era que fue un joven con un nombre desconocido que pertenecía a una tribu de más allá de los páramos y los glaciares, que había luchado contra un oso mítico, y cuyo corazón ardiente no soportaba la opresión de la esclavitud.
Con todo, era adaptable e inteligente alguna vez que otra. Pero casi nunca hablaba de sí mismo. Le bastaba con tener un arma en las manos para bañar la tierra de sangre y nada más le importaría.
Mas, apreciaba el honor por encima de todo. Lobo Negro jamás lo comprendería, y por eso, no era el favorito.
En el fondo, ello llenaba de ira al joven de cabellos negros, pero era una furia que el maestro sabía que tarde o temprano, en el momento adecuado, descargaría sobre su hermano de espada.
—Por ello, he decidido entre los dos, y ha sido muy difícil. Los ancestros Akei han hablado a los chamanes, y uno de los dos está destinado a la gloria. Pero la gloria también le llevará a la muerte…—.

Anuncios

6 comentarios

  1. Si ya decía yo que el Lobo Negro no me convencía, aunque bueno, el gesto con su madre fue de clemencia más que de crueldad. A ver qué sucede a partir de este momento 😉

    Un beso de buenos días/noches de lunes.

    22 noviembre, 2010 en 13:59

  2. Kerish

    Ya verás por dónde desemboca todo, Irewen…
    No tendrás que reunir demasiada paciencia hasta que suceda, te lo prometo 😛

    22 noviembre, 2010 en 14:53

  3. La Gata Alixei

    Me gusta

    23 noviembre, 2010 en 7:39

    • Kerish

      ¡Y a mí que te guste, preciosa!
      :*

      23 noviembre, 2010 en 12:20

  4. …Lobo negro, poco aprecio le tengo, he de confesar, pese a lo triste de su historia.

    ¡sigo aquí, Lobo, al pie del cañón!

    Un besito de almendra :*

    11 diciembre, 2011 en 21:38

  5. ¡Uno garrapiñado para ti, Iracebeth!
    Su trasfondo, el de Lobo Negro, es algo que hace pensar un poco… pero cuando te encaminas por una senda de odio y oscuridad, sólo hay dos cosas que hacer. Una, es dejarse consumir por ello, y la otra, es dar media vuelta.
    Lobo Negro no es de los que dan la vuelta.

    ¡Un saludo!

    11 diciembre, 2011 en 21:53

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s