Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

Los juegos de Enoda (V)

El joven bárbaro volvió la cabeza y descruzó los brazos, caminando hasta el grupo.
Miró fríamente al general y luego a su hijo, quien estaba entusiasmado con probar sus habilidades contra otro espadachín.
Frotándose las manos, el lanista medio sonrió e informó a su prometedor pupilo y campeón:
—A primera sangre, lo más superficial posible. Cesa cuando el oponente esté comprometido, que ya nos conocemos—.
Entendiendo las órdenes, el muchacho estaba dispuesto a pelear a corto sable tanto como el mimado hijo de Auntio.
Pero para sorpresa de éste, el general miró a uno de los dos guardianes, el que aún iba armado, y levantó la barbilla señalando con la cabeza y la mirada al púgil extranjero.
El general giró la espada que tenía en las manos; el pomo se presentaba cual cabeza de águila de latón macizo y oscurecido, y enfundándola en la vaina suelta del guardián se la pasó por el aire al gladiador, quien la tomó al vuelo con la diestra, sin inmutarse.
Se le puso de frente el tipo que estaba armado, con la mano derecha sobre el mango de su espada, bajo la cadera izquierda.
Kerish se atravesó la espada con la vaina por el cinturón, pero bajo la cadera derecha, y miró a su oponente, silencioso.
El joven Raquio no pudo evitar preguntarle a su padre, extrañado:
—¿No iba a luchar yo, papá?—.
—Sí—sonrió Auntio, —Pero primero quiero que hagas lo que te dije. Estudia a tu enemigo para poder vencerlo. En batalla, los hombres a tu mando serán un bien sacrificable para este fin—.
El retador ante Kerish desenfundó en un rápido movimiento y alzó su espada precipitándose por el joven estepario con un tajo desde lo alto, pero el gladiador bárbaro desenvainó desde la derecha con esa misma mano, teniendo el dorso hacia el costado al mismo que se echaba hacia la diestra del guardián.
Sorprendió al general, porque no conocía esa forma de desenvaine, y además, creyó que Kerish era zurdo al ponerse la espada al lado derecho.
El ataque del guardián chocó contra la defensa evasiva del gladiador, y éste aprovechó el rebote de armas para despejar hacia su derecha el espadazo del contrario, el hierro de ambos brilló cuando el guardián volvía con un tajo exterior desde la izquierda con el brazo derecho, pero Kerish se hizo un paso hacia la diestra anteponiendo la espada, y el tajo no le llegó a dar en el cuello.
Luego fue su turno.
El guardián apenas previó que el bárbaro lanzaría el mismo ataque dando un paso hacia donde antes, y el gladiador le golpeó bajo el hombro derecho con la punta de la espada, haciéndole un corte poco profundo que dolía más que sangraba.
No le había ni dado tiempo de recuperar el brazo cuando Kerish pivotó con un medio giro vertiginoso hacia su derecha sobre sí mismo, con un paso hacia la diestra del contrincante, cambiando el arma de mano en el aire.
La espada quedó con la punta y una cuarta del filo sobre la piel del cuello del robusto guardián, y éste, que tenía el brazo demasiado cerca del de Kerish y su espalda, estaba a su merced, pues con la mano armada de tan cerca no tenía maniobrabilidad.
El general, que los tenía a los dos dándole el pecho, asintió, y el guardia privado se alejó del gladiador, yendo a buscar algo con que vendar una herida a su orgullo más que su brazo.
—¿Lo has visto, hijo? Se mueve como un felino. Es rápido, pero que no te engañe… tu esgrima rivaliza con la suya. Ya sabes lo que hay que hacer—.
El general dio una palmada en la espalda a su primogénito, y éste desenvainó la espada, dejando la vaina en manos del otro guardián que restaba.
Caminó un par de pasos hacia Kerish, su delgado físico no le hacía temible a primera vista, pero la frente abultada y los ojos brillantes, y esa sonrisa contenida, daban muestra de que su adversario iba a ser muy técnico. Alguien que usaría la espada con inteligencia.
El joven tentó a su primer enemigo real con una falsa estocada, acosándole, y Kerish lanzó un tajo con la esbelta espada de izquierda a derecha, y luego de vuelta, pero con la punta.
Raquio se agachó y se retrasó un paso, volviendo a adelantarse con una larga estocada hacia el pecho del gladiador, que llevaba un peto de cuero que se ajustaba al molde de su cuerpo.
El joven bárbaro tomó la espada con ambas manos y se echó a la izquierda del civilizado, y antepuso el arma hacia la izquierda con la punta en transversal hacia abajo, protegiéndose de la puñalada.
Dio un paso hacia la derecha manteniendo estirada la pierna zurda, y quedó hacia el flanco izquierdo del ágil muchacho Eneda, descargando un mandoble hacia su cabeza.
Raquio le miró sorprendido a la par que aterrado, y en lentos segundos, giró su cuerpo hacia Kerish anteponiendo su espada, deteniendo su ataque.
El choque le conmocionó unos segundos, su contrario tenía fuerza, realmente, y trató un tajo elegante de abajo a arriba cuando las espadas rebotaron, hacia la alta diagonal derecha. Kerish se agachó echándose hacia su propia izquierda estirando la pierna contraria, y el silbido del metal azotando el aire pasó de largo.
Se echó contra él con una estocada, ayudando a su espada con la mano zurda para imprimir fuerzas al arma, pero el hijo del militar esquivó el ataque hacia su vientre aunque no pudo con el embiste del hombro derecho del bárbaro, que estaba por delante, y cayó al suelo.
El hijo del militar se levantó raudo y lanzó un tajo hacia la cabeza de Kerish, quien antepuso su arma en vertical para detener su filo, aunque Raquio, más inteligente en la esgrima, había mentido y redirigió su ataque hacia el costado izquierdo del bárbaro, ahora desprotegido.
El gladiador antepuso el arma hacia el lado izquierdo nuevamente, y la punta del arma y el filo pasaron junto a él con un chirrido de metal en fricción.
Interpuso después la mano izquierda contra el pecho de Raquio, barriéndole con el pie izquierdo tras el talón derecho, y cuando el hijo del general Auntio se desequilibró, el bárbaro le golpeó con el pomo de la espada en el pecho, tumbándolo en el acto.
Cayó al suelo como si todo se hubiera ralentizado para él, la arena de la palestra saltando en miles de incontables gránulos, y el extranjero bajó sobre él con la rodilla izquierda en tierra, a horcajadas sobre su cuerpo, y empuñó la espada hacia abajo, a la inversa, apoyando los dedos de la mano izquierda sobre la guarda y la guarnición; al mismo tiempo el extremo de la espada del muchacho de cabello claro le había hecho un corte sobre el tabique nasal al interponerse en defensa, pero fuera como fuere, el hijo del general estaba perdido.

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6 comentarios

  1. Mmm, sangre sangre 😛 La verdad es que reconozco que en ocasiones me pierdo un poquitín pero ya sabes que las luchas y yo nos llevamos un poquito mal, de todas formas es lo suficientemente visual como para saber qué está pasando. Raquio al menos sabe moverse 😉 y una vez más se demuestra que la técnica muchas veces no es suficiente 😉

    Besucos y asias por mi dosis diaria 😛

    13 noviembre, 2010 en 14:58

  2. KERISH

    ¡Heheheheh, de nada! Y como buen hijo de general, sí, algo debe saber por fuerza…

    14 noviembre, 2010 en 1:11

  3. Animalito, el pobre Raquio se ha quedado en braccae… XDDDDDD

    2 diciembre, 2011 en 23:27

  4. Bueno, pero ya verás tú que Raquio es… un suertudo.

    3 diciembre, 2011 en 2:12

  5. Duhr

    Astuto el padre de Raquio… no solo observar al gladiador, sino cansarlo también! Que nos conocemos!!!
    Aun asi… me extraña que kerish no se haya cubierto lo suficiente como para evitar el arañazo de la nariz. O estaba muy concentrado, o es una artimaña para satisfacer al padre de Raquio… Seguimos!

    7 agosto, 2012 en 19:21

    • Fue un corte en defensa, simplemente, y esas cosas ocurren en una lucha normal. Si alguien se enfoca en un fin, y el otro de mientras realiza una maniobra, puede sufrir una herida de cualquier tipo mientras el arma del otro “escape” de su acción.
      Lo que quiero decir no es que se evada (está claro que entran en contacto cercano, cuerpo a cuerpo, y está buscado hacerlo), pero que cualquier movimiento con un arma puede entonces dejar una herida en el fragor que tan poco puede controlarse, cuando dos pugnan por vencer.
      También que cuando dos personas se ven en el ardor de la lucha, cometen algún fallo o descuido, o no pueden estar al tanto de cosas tan variables como lo es la misma suerte, o cómo se moverá una espada durante un golpe a su dueño (el más tonto desequilibrio en el empuñamiento y en su balance puede matar al propio dueño o a un amigo a su lado, igual que herir a quien tiene en frente sin quererlo).
      Simplemente eso, un accidente de suerte en un lío de espadas y manos.
      Y bien, la figura del padre del muchacho, un militar experto, conoce esas cosas además del método… Pues basándome en la misma historia de los ejércitos de nuestro mundo, el ejército romano del cual tomo un ligero sustrato en esta parte adoptó la destreza de los gladiadores con la espada (de ahí que se llamaran gladiadores) además del scutum (ese escudo grande y cuadrado tan característico del ejército romano, que se comba cubriendo el cuerpo), así que no sería de extrañar que dada la similaridad, un militar entrenado por gladiadores sepa cómo lucha un gladiador.
      Aunque propiamente, no es un combate “ad gladium” con lo que ello conlleva.

      ¡Nos leemos por aquí!

      7 agosto, 2012 en 21:50

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