Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

Los juegos de Enoda (II)

La bestia, el Taourion, avanzaba lento hacia el bárbaro y con los peludos brazos girando el hacha, que debería de medir poco más de 6 pies, y lanzó un tajo hacia la cabeza de Kerish.
Éste aún pudo rodar por el suelo hacia la izquierda de su bestial contrincante, para lanzarle un tajo a la inversa rodilla del ser.
La sangre brotó tan rápido como un bufido animal.
Así mismo, el joven salvaje se puso de pie y se alejó de una coz de dolor del monstruo, cuyas mandíbulas cuadradas se separaban con un grito de guerra.
El hacha dibujaba un afilado arco hacia el brazo izquierdo del bárbaro, y éste, a tiempo, antepuso las dos hojas de cuchilla que portaba para defenderse del golpe. Su enemigo era lento, pero tres veces más fuerte.
Y así, a duras penas, se libraba de un empellón con el plano del hacha en el pecho, cubriéndose con los antebrazales-espada.
Cuando el filo del hacha del Taourion le hizo un burdo tajo en un costado, no clavándose del todo porque Kerish antepuso la hoja derecha al corte, el bárbaro le pateaba al monstruo la pierna herida desde el suelo, deshaciéndose de la hoja del hacha.
El joven se alzó dolorido por el escozor de la herida, y saltó hacia el cuello del mutante, subiéndose con los pies en una de sus robustas patas en una única oportunidad, y le clavó sendos instrumentos de muerte en las costillas, ascendiendo con los brazos para destriparlo.
La criatura de más de dos metros de altura cayó con él.
Tras la polvareda en la arena, el humano se separó de la bestia, ésta con estertores, y se inclinó sobre ella, quitándose las cuchillas de sus antebrazos.
A continuación tomó su pesada hacha, que alzó con un brazo ante los miles de espectadores, al mismo que todos gritaban por más brutalidad.
Dejó caer el arma, y le cortó la cabeza al Taourion.
Luego de eso, las masas aún querían más, así que levantó el arma con la cabeza del mutante empalada en la punta que tenía entre ambas hojas, haciendo una pose con una pierna estirada y la otra flexionada, hinchando su sudoroso y blanco torso, con la herida y las rojeces de los golpes, el largo cabello rojo al sol manchado de sangre.
Los hombres gritaron jubilosamente, y las mujeres alabaron su poderío, aunque la función no saliera tal como parecía prevista.
En aquel sitio, al que llamaban Enoda, de clima templado y agradables aires, se sentía extraño.
Tan extraño como representar juegos sobre dioses que a los Enedas ni les iban ni venían, pero por lo visto era una cultura que absorbía las ideas y mitos de otras, y consideraban bueno todo aquello que pudieran saber sobre política, religiones o costumbres de otras naciones.
A Kerish simplemente le parecía que por un lado estaban ansiosos de conocimiento y que por otro, no tenían personalidad como nación o raza; sólo un deseo de expansión.
La leyenda decía que el dramático desenlace entre el dios Murag, que adoptó forma de hombre-toro para luchar, fue que Tumnkai murió por el hacha de su enemigo, y que éste cayó de su morada en el segundo infierno hacia las angostas profundidades de la oscuridad por la fuerza de los dioses, entre los que se contaba Tangri, el cielo eterno, del que Tumnkai descendía.
Murag dio inicio a su brutal progenie mutante que fueron escalando las simas demoníacas hasta poblar una parte del mundo, y fueron a ser a día de hoy una especie casi extinta.
Obviamente, el final escrito por Kerish fue aclamado por la plebe y el emperador de aquél otro reino civilizado de levante que no conoció demasiado.
Pasando bajo las rejas hacia la sala, donde pocos gladiadores vivos llegaban para reunirse con sus semejantes y sus maestros, Torii asintió al bárbaro, y éste le devolvió una mirada sombría.
No hacía falta que él hablara, pues el lanista podía leerlo en sus ojos.
“Sí. Incluso en la muerte hay libertad y honor. El honor de vivir como un guerrero, y la libertad de afrontar así mi destino, de hacer de él lo que quiera. Este es mi verdadero poder… y cuanto más mato, más poderoso me hago”.

Anuncios

4 comentarios

  1. Se puede notar la tensión, ver los golpes enviados y recibidos. ¿Ves? Sigo leyendo aunque lo haga de forma inconexa. Enoda tal y como lo has relatado me recuerda tanto a los romanos que me da escalofríos y todo. Me ha gustado, mucho, sigues en la misma tónica y Kerish tiene una fortaleza impresionante.

    Un saludo 🙂

    10 noviembre, 2010 en 14:03

  2. KERISH

    Bueno, quería darle el aire romano pero como si esa prehistoria en la que vive el personaje fuese un tanto más… eeeh… “Civilización Minoica y otras cosas muy enterradas”, ya sabes.
    Más mitológico 😛
    ¡Me alegra mazo el que hayas pillado la esencia!

    11 noviembre, 2010 en 0:10

  3. Duhr

    Pobrecito, a veces no se sabe si le putean o le dan justo lo que le gusta… Entretenida la lectura, pero que sepas que me vuelves locas con las criaturas! No termino bien de saber lo que es el Taurion.

    7 agosto, 2012 en 18:47

    • Es una criatura mutante, una bestia con rasgos parecidos a los de los toros. Algo parecido a un “minotauro”, pero menos mino, y algo tauro. No sé, los concebí como una raza de monstruos como pueden ser los gnolls, tienen algún rasgo semejante al de un animal determinado.
      De este lado, ¡quizá Kerish crece ante los peligros en lugar de encogerse!

      7 agosto, 2012 en 21:11

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s