Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

Amores prohibidos (X)

Que él recordara no había entregado su cuerpo a nadie.
Nunca había estado con una mujer, salvo con Tuoya… pero con ella nunca pasaba nada así. No sentía ese vibrar insano pero bello, esa repentina fragilidad que envolvía su poderío masculino y le impulsaba a imaginar cosas que le gustaban pero no pretendía decir. Demonios, ¡ni siquiera pensaba que fueran a pasar!
La apreciada hermana de Qublei tampoco había estado con un hombre, de ninguna de las maneras, como había estado con Kerish.
Aunque su situación la haya hecho sumisa ante la suerte que le deparasen por la ley, aunque fuera a terminar de esposa con algún jefe guerrero, un fuego rebelde la llamaba a quemar sus ataduras y seguir la verdad de su corazón. Era ese ardor contenido el que hacía que se revelara a quien había elegido en secreto. Ella le había visto crecer estos años, convertirse en un feroz lobo solitario sin nadie a quien amar ni a quien brindarle su masculinidad.
La princesa de la tribu no esperaría a que su hermano la prometiera a otro la próxima vez y decidió con valentía y sin error. Soryatani era también una loba y reclamaba a su compañero tanto como sentía que él la reclamaba en aquella luna tan fría, tan caliente. En esos segundos, el mundo se había detenido para contemplarles y el momento era suyo. La vida se acabaría algún día, y la muchacha no soportaría morir sin haber amado. Sin ser amada. Sin que algo verdadero suceda, sin que nada pueda ser por su elección. Y por supuesto, sin ningún interés.
Él pensó, por primera vez entonces, en lo mismo.
A causa de la conmoción, el gladiador no se dio cuenta al instante de su propia erección al notar la entrepierna desnuda de ella acariciándose contra su muslo izquierdo, deslizándose suavemente. Pero ella sí le notó excitado, y cuando él supo hasta dónde había llegado hubo cientos de razones por las que estar muerto y otras tantas por las que lo demás no importaba nada. Un candado en él estaba quebrándose. La princesa de la tribu se apresuró a quitarse de encima del pálido y duro muslo de Kerish para desnudarlo y tocarle allí, en su parte más sensible. Si él tan sólo pudiera articular una palabra…
Su mente ni tan siquiera funcionaba, sólo un temblor irracional en sus piernas que ascendía hasta su vientre y una respiración acelerada daban paso a una sensación placentera, que no acababa ahí.
Soryatani se precipitó con las piernas a los lados de la cintura fuerte de Kerish, y subió una vez y bajó de nuevo. Ella se sorprendió cuando él gimió como un crío asustado. Los dos se quedaron quietos como si uno u otro hubiese sufrido una herida por error, y hubieran reído de no ser por los nervios. De que eran tan inexpertos y que cada cual pasaba por encima la falta de experiencia de su par, pues como quedaba claro Soryatani no había estado nunca con ningún hombre, y él nunca había estado con una mujer. Cada cual lo tenía claro desde ese momento entonces para moverse cuidadosamente.
Debía ser especial. El único suspiro en que importa estar con quien apresa los segundos, con quien aferra la gentileza y el deseo y los convierte en lo inolvidable.
Otra vez subir y bajar, sentirse invadida, notarse acogido y enviado al cálido y oscuro mar femenino. Con todo, ella pudo contener desde el principio el terrible grito de placer que él no resistió, escapar del dolor estrechándole en su interior con un abrazo que apretaba, y el chasquido que sintió la bella joven en su frasco del amor ensanchado por el generoso vigor que le regalaba su elegido. Así dio comienzo el goce. Había oído historias y recomendaciones sexuales de las mujeres de Qublei, por lo cual estaba segura de poder satisfacer a Kerish, y si podía volver a verse con él, quizá le enseñaría a satisfacerla con todas aquellas cosas que se imaginaba hacer contra su cuerpo, sea desnudo o apenas vestido. Éste era un hombre sin tocar por ninguna mujer y saberlo la llenó de calidez casi maternal. Le deseaba tanto, le amaba tanto…
Y al tiempo temía le entrase todo aquel grosor con violencia y la destrozara.
Tuvo paciencia, dejando que su secreto y codiciado guerrero virgen la tocase suavemente todo lo que quisiera y donde quisiera, ambos sin hablar nada salvo respirar agitadamente, moviéndose de cuando en cuando. Era todo un mundo nuevo para los dos, y lo disfrutarían al máximo. Kerish puso las manos en los senos de la chica de ojos verdes que chispeaban con rojas líneas en sus iris, apretó con suavidad, y ella le abrazó contra su sensual anatomía pectoral, volviendo a subir y bajar lentamente varias veces al mismo que una sombra furtiva se alejaba, apretando un puño.
Los gritos del bárbaro de unas 17 nevadas se apagaban contra los suaves y tiesos botones de los que mamaba como un recién nacido, acariciando con las manos sendos pechos y poniéndolas después bajo las axilas de su intrusa, sosteniéndola como si fuera a caer al inclinarse sobre su busto. Bajó con una caricia dual por sus costillas, que colgara del precipicio mientras él la hacía suya. Que los mundos cayeran al borde de las tinieblas.
Sus manos palparon cada centímetro de aquel cuerpo como si fuera el único que deseara tocar siempre. Ella gimió no en voz baja, sino de una manera parecida a un grito que se ahogó, como el aullido de una loba. Acusando unas espantosas contracciones, Kerish se había derramado en su interior. La llenó de su calor fértil generosamente, de golpe y sin avisar porque esta sensación le había sobrecogido y desbordado, pero Soryatani siguió cabalgándole con celo animal decidida a hacerle suyo y ser suya. De una manera más violenta, sus caderas subieron y bajaron sin piedad, su amante abarcó su cintura en un abrazo sin saber por cuánto tiempo duró hasta que, con furia, le devolvió el ataque manando descontroladamente de nuevo entre quejidos y suspiros entrecortados.  Y entonces, las oleadas, el colapso. Ni se culparon ni se perdonaron.
Ella sonrió con amplitud, la de una mujer completa. Entre la lechosa esencia que manaba de su feminidad ahíta, una roja lágrima resbaló entre ambos.
La loba había despertado, desatada al fin.

 

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12 comentarios

  1. Mira que hacía tiempo que no leía nada por aquí y voy a venir a parar justo a esta entrada. Me ha gustado la forma de narrarlo, nada burdo, pero sabiendo exactamente lo que significa cada una de las palabras, pudiendo notar lo que se siente. Para mí, un gran salto en la historia, tendré que volver a releer hacia atrás.

    Sangre hay, poquita, pero la hay y una muy especial.

    31 octubre, 2010 en 19:57

    • KERISH

      Heheheh, mira que ver el desvirgue de Kerish pero perderte el de la arena, Irewen… ¡sí, aún tienes mucho que recuperar!
      Pero ya verás cómo te gusta hacerlo.
      ¡Un bocao!

      31 octubre, 2010 en 20:07

  2. Es casi un alivio ver que la primera vez dista mucho de ser algo terrible y casi terrorífico. Me ha encantado la descripción, magnífico.

    Un mordisco en la oreja, Lobo ^^.

    27 noviembre, 2011 en 15:59

  3. Otro para ti, cuerva… pero al principio, ¡lo suave parecía más bien terrible!

    27 noviembre, 2011 en 20:53

  4. duhradhafera

    Mierda! La enfermera!!!! Me ha pillado, maldito!!! Es tu culpa!!!
    -Eh…. no, estoy bien, es que estaba leyendo y me he emocionado… Un libro de…. acción… En serio, estoy bien!

    Tu y yo nos veremos las caras, condenado!!! Voy a dormir un poco a ver si así bajo las pulsaciones un poquito…. ¬_¬ (aisss porqué tiene que ser tan bueno explicándose? porqué es tan gráfico el jodido? si supiera cuánto puede llegar a putear….en fin…durmamos un poco)

    12 mayo, 2012 en 15:11

    • Por un lado me honras, la verdad. Pero por el otro me da que quieres matarme a golpes con una cucharilla de postre…
      ¡Jajajajajajaja, y ya nos veremos alguna vez, sí, pero de mientras descansa, no te vayan a tener que poner a la enfermera al lado toda la noche observándote como una lechuza!
      Este capítulo ha sido corto pero intenso, y entiendo que quizá debería ser menos gráfico a veces para no herir sensibilidades. Por mi culpa tienes un subidón.
      Diría que lo lamento, pero estaría mintiendo y no es mi naturaleza.

      13 mayo, 2012 en 21:35

      • duhradhafera

        Seras maldito!!! Te juro aquí y ahora que me vengaré!!!!! De ésta te acuerdas, ya verás tu…. y con una cuchilla de postre? te quedas corto. Hay cosas mucho peores, eso ya lo sabes. Creo que entre otras cosas…. practicaré la acupuntura contigo atadito a la cama y …. Será divertido oír gritar al barbarito; “suéltame”. Pero la venganza queda jurada encanto. Guárdate las espaldas

        13 mayo, 2012 en 23:03

      • ¡Glubs!

        14 mayo, 2012 en 17:20

  5. Shedain

    ejem…muy bonito. Qué lástima que los adem consideren el sexo como una necesidad pragmática únicamente. Y qué decir si esto lo leyese Felurian…

    El estilo muy bueno, fluido, directo… llega. Los personajes tienen fuerza y el ritmo es bastante constante en intensidad. Pero… ya me conoces.( Shedain hace el gesto de “atenuar” y “profundo respeto”).

    Nos vemos en el camino,bárbaro, entre el frio y el polvo.

    18 mayo, 2012 en 21:10

    • Vaya, pues no esperaba ver por aquí a una adem, ¡es toda una sorpresa! Seguro que hay cosas que pueden cambiar a mejor, o puede que no… pero sí, si Felurian lo leyera… ¡ay! ¡Jajajajaja!
      Me honras mucho con tu opinión «”profundo respeto, aprecio”», nos conoceremos más en ese camino largo que recorren los que son como nosotros, y que no siempre resulta tan frío y polvoriento.
      Probablemente acabes queriendo borrarme de él 😛
      Sé bienvenida a mi pasado, Shedain. Siempre hallarás puertas abiertas a él.

      19 mayo, 2012 en 13:08

      • Por cierto.. que seguí tu consejo. Escuchar a los sabios es del lethani. Cuando desees, pásate por mi rincón, entre tierras de tormenta.

        20 mayo, 2012 en 23:35

      • ¡Ya veo! Buen arco, después de todo parece que alguien me hace caso pero no viene a buscar cuentas, heheheh… ¡Ya me contarás tus progresos!
        Seguro que en el lethani también está dominar el arma que caiga en tus manos.

        21 mayo, 2012 en 12:24

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