Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

Amores prohibidos (VII)

El Khan entrecerró los ojos, mirándole con detenimiento.
La lucha le había cerrado las puertas a sus recuerdos y emociones. Era un guerrero sin oficio ni beneficio que hablaba como un autómata de sí mismo, conteniendo un ardor virtuoso que le costaría la muerte mostrar; no se le consideraba tan persona sin embargo. Una cosa que vivía para luchar.
—Kerish, quisiera que me hablases más de Kymeria o cualsea su nombre… debe ser un lugar tétrico. Por lo que he oído por ahí, no tenéis sol—.
—Eres sabio, Khan. Nuestros cielos son tan grises y tan espesas las nubes, que el sol para nosotros no es más que un pequeño gránulo pálido del tamaño de un guijarro. Los inviernos duran casi todo el año, aunque la floración llega a su suelo y las hojas de los árboles cambian de color y caen. Hay cerros, colinas, y la capa del cielo gris las encapucha. Los espíritus animales nos guían. Es una tierra de lobos, una tierra de dagas plateadas en el desierto del norte, tormentas de acero, tumbas que esperan. Somos el invierno. Implacables, imparables, incluso en la muerte. Niños y niñas somos guerreros desde pequeños y sentimos la Llamada de la Sangre. Recordamos lo olvidado, pues nuestra historia como pueblo se ha transmitido por oración porque no ha sobrevivido en ninguna escritura—.
—¿Y los de tu raza en qué se nos parecen?—rió Jerjegune, bebiendo su airak con desmesura de un cuenco.
—Nos parecemos bastante. Compartimos ternero con harina con nuestros invitados, a los que también damos de beber un licor aunque no sea este. El caballo es nuestro hermano en la batalla, pero hay más que estepa en mi tierra, pasando el Muro de Hielo, pues igual que cabalgamos por praderas y nos adentramos en páramos también somos gente de montaña. Ahí acaba la diferencia, nos movemos a caballo con el arco y la espada pero también combatimos en la montaña y los bosques. Damos valor a cada guerrero. Somos hijos del cielo y la tierra—.
Bortochoou asintió, pues era un amante de los caballos, además de buen adiestrador y cetrero.
Se escuchó un grito fuera, y el clamor de lucha y espadas chocando. Las fuerzas Aolitas atacaban el aíl de Qublei Khan sin previo aviso, como tal traición que temía el hermano de sangre del Khan. Jerjegune el tuerto se levantaba con la expresión furibunda, apartándose de Qublei. Los cinco hombres del Aolita inmovilizaron a los guardianes de las armas, y tomaron sus cimitarras, a la par que Jerjegune rió tomando su hacha. Al volverse, vio al joven pelirrojo en pie, dando una patada en la boca a uno de sus guerreros con la pierna izquierda, estallando los labios del sicario con la puntera de la bota. Cuando el grandullón se repuso, corrió por Kerish, y el Cymyr saltó hacia atrás esquivando una patada de frente hacia su pecho. En la fracción de segundo que seguía, el enorme Aolita recogía la pierna, cuando una sombra ágil se deslizaba por debajo suyo.
Cayó al suelo con la rodilla desencajada y la pierna meneándose como un pendón, aullando de dolor, pues Kerish se había tirado ya hacia el gigante golpeando su rodilla derecha con ambos pies, perpetrando un deslizamiento rápido y furtivo. Bortochoou corría por su espada, enfrentándose a otro perro Aolita, mientras que fuera, había estallado la guerra.
Uno de los Aolitas corpulentos quiso tomar a Soryatani, pero se encontró con la suela de la bota derecha de Kerish en la boca. Al levantarse, lanzó un puñetazo que el bárbaro desvió con esfuerzo utilizando la mano izquierda, y luego, el salvaje de larga trenza fue remontando el brazo del grandullón con moño en rápidas palmadas por el antebrazo y el bíceps. El golpe llegó a la nariz del Aolita y la rompió en un estallido de sangre y gritos, entre los cuales podía oírse el de un Bortochoou destrozado con la que fuera su esposa en brazos, muerta por una lanza.
El tiparrón al que se enfrentaba el extranjero de piel blanca era un tipo duro, y aunque en el intento siguiente el gladiador le paralizó el brazo, el Aolita le golpeó en el vientre con un derechazo circular, un golpe que impactó sin ninguna defensa que lo bloquease apenas. Kerish se dejó golpear visiblemente una segunda vez.
La rodilla del Cymyr se disparó entonces con un salto hacia a la boca del Aolita cuando éste preparaba un tercero, lento, y terrible puñetazo… y saltando sobre él nuevamente, Kerish le golpeó en la sien derecha con el codo. El gigante cayó sangrando por la boca y la nariz, quedando sin sentido. Soryatani dedicó sus ojos verdosos al gladiador con admiración, cuando él salió fuera, dando brincos, y Bortochoou y el Khan daban muerte a los escoltas de Jerjegune, ensartándoles por los costados sin ningún miramiento, aunque ello les costara al primero un corte en el brazo derecho y al segundo uno menos profundo cruzando su vientre.
Qublei buscaba la otra espada para enfrentarse fuera al cobarde de Jerjegune, que había salido de la yurta con el hacha. Encontró su ken y corrió seguido de Bortochoou, Gemei, y sus hermanos. Todo el lugar era un campo de batalla. Tenía su gracia, y no la tenía, ver a una mujer, Tuoya, golpeando a un soldado Aolita en la cabeza con un cazo.
El joven Khan cortó la cabeza a un Aolita desprevenido, desde el lado izquierdo con la ken, y paró un tajo hacia su frente con la cimitarra en alto, devolviendo una patada en los testículos al soldado de armadura negra, y hundiendo su acero Ilonio en la garganta de su adversario. Vio al Khan Aolita enfrente suya, blandiendo el hacha.
Ambos khanes peleaban a base de fintas y bloqueos, quedaban muy igualados. Un burdo y lento ataque desde arriba intentó cortar al Ilonio por la mitad, pero éste esquivó la hoja del hacha y con el reverso del ken, golpeó la frente a khan rival. Antes de que la primera sangre brotase, Qublei le propinó una patada de barrido tras el tobillo izquierdo y le derribó, alzando su cimitarra. El Khan señalaba con la punta del ken el cuello de Jerjegune, sonriendo con su amenaza. Preparaba un demoledor ataque desde arriba con la otra hoja y mantenía al tuerto inmóvil con la otra espada forjada como un arco esbelto de metal asesino.
Cuando vio que su camarada Gemei se ponía en frente, tensando el rojo arco, sabía lo que pasaba: le atacaban por detrás, demasiado tarde para darse cuenta y dar la vuelta.
El experto arquero dudó, bajando el arco. Qublei volvió la mirada, viendo que uno de los guerreros de Jerjegune tenía tapado el cuello por una trenza de cabello castaño profundo y de reflejo cobrizo, que se mantenía estática, igual que una expresión de incredulidad perpetua en la cara del soldado Aolita. Luego vio a Kerish. El gladiador tiró de la trenza con la cabeza pues estaba medio agachado en una pose extraña, y así la delgada hoja doble de hacha hizo desprender del cuello del Aolita un chorro de sangre y trozos de piel vuelta y carótida.
Después, la espada esteparia del Khan Ilonio atravesó el cuello de su rival en el poder, que apenas pudo defenderse y recibió así su final. Luego, el curvo sable al que en Ilonia llamaban “ken” se clavó entre las clavículas de Jerjegune destrozando de parte a parte carne y hueso.
Así, Bortochoou recitó un viejo dicho Ilonio lleno de sabiduría pero enfocado por tanto a antiguas rivalidades:
—¡Muerto el perro Aolita, se acabó el picor de huevos!—.
Mil gargantas se sumaron al grito de victoria sobre los únicos rivales en el territorio, que se rindieron y más tarde aceptaron a su nuevo señor y luchar en su nombre. Tanto dolor, tantos años de rencores…
Sin lugar a ninguna duda esos tiempos habían pasado, pues ahora el joven Khan era el dueño por derecho de sangre de todas las tribus guerreras, y no cejaría en su empeño por acometer su ambiciosa empresa de conquistar todo bajo el cielo.

 

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2 comentarios

  1. duhradhafera

    Si es que lo sabia!!!!!! La has liado!!!!!! maldito!!!!!!!! (Mierda! mis pulsaciones!!! GRRRRR )
    Como será que no me extraña que sea Kerish quien tome el control de la situación?! eh!? No, si ya te digo yo, que empiezo a conocerte, condenao!
    En fin, sigamos…

    12 mayo, 2012 en 14:52

    • Bueno, tomar el control, el control… más bien se unió al descontrol un poco, pero había una causa de peso para hacerlo.
      Yo también empiezo a conocerte un poco, supongo, y me parece que para ti, este capítulo ha estado a la altura de las expectativas 😉
      ¡Nos leemos en el siguiente!

      13 mayo, 2012 en 19:42

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