Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

Interludio: El consejo de los espíritus animales (II)

—¿Qué opina Bran el Cuervo?—preguntó Oso Gris.
—L-los humanos s-son dulce carroña q-q-que devorar. Nuestro sustento. Es igual s-si mueren o viven, p-porque mondaremos sus huesos de to-todos modos—expuso Bran, tartamudeando mientras se frotaba las manos.
—¡Calla, bribón!—dijo el águila, dándole una palmada en la nuca al enjuto cuervo, —¡Eres un pajarraco inútil que sólo entiende de carroña y nigromancias!—.
La joven que era un halcón de las nieves, también de ojos dorados, miró a su compañero y echó a reír, cogiéndose del fibroso brazo derecho del joven. Ambos se acariciaron cabeza contra cabeza.
—Los humanos cazan como nosotros cazamos, y se aman tanto como nos amamos nosotros. Defiendo lo que dijo Guerrero, hermano y consorte de Lanza del Sol—.
—¡Siempre serás una criaja, Flecha Blanca! ¿Es que nunca comprenderás que los propios humanos nos han destinado a la catástrofe?—gruñó Luto, el Warch.
Sus dientes se mostraban en una sonrisa fiera hacia la hermosa muchacha-halcón.
El joven que era su compañero se interpuso entre la mirada lobuna del Warch como un desafío, que sin duda lanzó como una verdad furiosa.
—Y tú un bastardo sediento de la sangre de tus semejantes. ¿Es que tu propio cruce no te hace sentir que destrozas una parte de ti cada vez que matas a un humano?—le espetó duramente al Warch, sabiendo de su condición, mostrándole amenazadoramente los nudillos y el dorso de su puño derecho.
El Warch sentía enfado y se habría batido con él en un fatal duelo, pero algo dentro de él le hizo echar un gañido lastimero admitiendo su derrota antes de tiempo. La loba blanca no se calló.
—Como siempre, directo en tus amenazas tanto como con tus ataques, Luna de Invierno, pero eso carecía de mención ahora. No eres digno de las plumas que portas con orgullo—.
—¡Ni tú del cargo de Espíritu del bosque! ¿Osas amenazar la vida de los humanos con tu ausencia de ellos? ¡Recuerda para qué se te concedió el poder, Nieve! ¡Todos tenemos una responsabilidad con este mundo y con la Madre Tierra! Resulta impensable que su hija predilecta, a la que ofrendan en invierno, esté contra ellos y no vaya a mover una garra por protegerles—.
Padre Águila, que servía al Padre Cielo, se cruzó de brazos sobre su poderoso pecho y miró con desafío a la loba, que se apartó de un soplido el liso flequillo en corte recto que caía hasta casi las cejas.
Una fina cicatriz en forma de media luna que era su odio hacia los humanos se adivinaba entre su cabello, pero aun así, no replicó a las palabras del espíritu águila. Sabía que él tenía razón.
—Sea como sea, hermanas y hermanos, hemos de decidir si dejamos a los hombres a su suerte contra el culto del antiguo dios del mal, o si por el contrario, debemos ayudarles con nuestros poderes—anunció de nuevo el hombre-oso, ya en la cincuentena y aún jovial, musculoso, y sabio por el paso de los años.
—Oso Gris, tú y Kroon vivís entre humanos. ¿Moriríais por ellos? ¿Defenderíais una raza que lucha contra sus hermanos, que mata a sus hijos por un rito oscuro para atraer al vengativo espíritu de Choddan y hacer que la muerte caiga sobre otros?—interrogó una voz femenina y afligida.
De entre los otros lobos de la manada, una loba gris de ojos dorados contemplaba la escena, esperando el permiso de Nieve para acercarse.
Su madre consintió con un cabeceo y la loba se convirtió en una joven que aparentaba unos quince años, con los redondos y pequeños senos perfectos en su forma pese a su tamaño, al aire libre.
Se acercó a la hoguera presentando entre ambos pechos un surco más claro aún que su piel blanca, apenas se los tapaba su larga cabellera rubia, pero llevaba así de descubierta su feminidad para que todos pudieran ver la marca rosada, recuerdo de un ataque.
—Se lo hizo un humano, utilizando a uno de los nuestros como arma. Hirió a Princesa con los dientes del fallecido Puñal—gruñó el lobo negro que lo mismo andaba a dos patas que a cuatro.
—Fue herida por un humano al que estabais dando caza, y él se defendió pese a ser demasiado joven, y vosotros más que él en número. Si le perdonaste la vida junto al castillo de la vampiro, que hoy está en ruinas, fue porque yo estaba cerca—replicó Kroon.
El lobo rojo y el lobo negro eran rivales, pero una vez tuvieron un duelo del que Luto aún conservaba cicatrices.
—Merece la pena todo aquello que creamos justo y sabio en nuestros corazones, por eso hemos venido a dialogar—suspiró Lanza del Sol, mirando hacia las grandes formas astadas, en las sombras.
Los toros aún no se pronunciaron. Lanudos y castaños, con enormes y anchos cuernos, los uros medían más de dos metros hasta la cruz, su mirada bovina e inteligente estaba puesta en el consejo.
Finalmente, uno de ellos se adelantó con pesados andares, ofreciendo su aspecto humano: un hombre mayor de barbas rizadas que no había perdido la robustez del guerrero, poseía un cuello ancho, y un casco con cuernos, y sus brazos fuertes llevaban las manos hacia el ancho cinturón de cuero.
—Estoy con Princesa, los humanos nos utilizan en algunas ocasiones como montura de guerra, pero desde que mi manada y yo emigramos, ya no lo hacen, ni beben en nuestros cuernos, que nos cortan tras matarnos. ¡Nuestro símbolo de poder es sólo un vaso para ellos! Si por mí fuera, les pondría a todos en fila, y uno tras otro los embestiría sin piedad—.
—Respetamos tu razonamiento, pero es un razonamiento hacia el odio, Taurian. Invocaremos entonces al Gran Espíritu del Trueno, al Hijo Celestial, a la Estrella del Guerrero. Si nuestros corazones están confusos, el suyo no—sentenció Oso Gris.
Todos unieron sus esencias, su energía… y en breve, el viento, el fuego, el agua y la tierra subieron hasta el cielo como un torrente inacabable, como un tornado, y el cielo se oscureció hasta parecer de noche. Relampagueó sin llover, y un trueno blanco plateado con la forma de un dragón bajó hasta la tierra.
Entonces escucharon la voz del Trueno de Indarr.
“La Profecía…”.

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4 comentarios

  1. …Me gustan los consejos de animales ö_ö. Me pido ser chamán de mayor.

    Eso sí, como siempre, ¡qué mal nos dejas a los cuervos!

    27 noviembre, 2011 en 15:35

  2. En concreto, el cuervo que sale es malo. Ya descubrirás por qué, en el mundo de Kerish las cosas son bastante oscuras y terribles…
    ¡Lo de chamán deberá estudiarlo el consejo! Me alegra leerte de nuevo por aquí.

    Un mordisco 😛

    27 noviembre, 2011 en 15:39

  3. duhradhafera

    Bufff me traes loca, pero bueno, como dije esto tengo que releerlo y analizarlo. Me esta gustando mucho, pero tengo mucho que descifrar….. O eso, o me concedes un debate! tu veras!!! XD En fin, yo no me pido a nadie, prefiero ser humana y mejorar mi trato a la Madre. Ella sabe de vida mas que yo.

    12 mayo, 2012 en 10:30

    • Bueno, estoy dispuesto a debatir sanamente, o a aclarar tus dudas si está en mi poder hacerlo. Normalmente lo está, ¿eh?
      En cuanto a la madre tierra y al padre cielo, ellos se supone que son el todo, y que en medio, toda creación es hija suya. Quizá da lugar a otras suposiciones, pero ese cacao ya te dejo batirlo a ti 😉

      ¡Un saludo!

      13 mayo, 2012 en 19:20

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