Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

Vivir por matar (VI)

Se inquietó en el banco, temiendo ser el siguiente. Pero no lo fue.
Le tocaba a un musculoso hombre moreno de cabellos castaños y cortos, nariz chata de púgil profesional y descuidado, y que podía ir tan bien acorazado con la armadura de gladiador como iba el hoplómaco.
Éste representaba a un monstruo llamado Minnogorth, que derrotó a los campeones elegidos por una deidad dragonil antigua y olvidada.
El que salía a su encuentro, con una red y un tridente, simbolizaba la encarnación de otro dios que luchó contra otra bestia mitológica y la había desterrado al caos del cosmos.
Kerish miró la espada corta que había al lado y Torii no dejaba de observarle, sabiendo que más que la vez anterior en Chagör, esto sería realmente su bautismo de fuego.
—Tal vez pensaste escapar, muchacho. Podrías hacerlo, y te cazarían y matarían como a un perro. Pero eso que tienes al lado, ese pedazo de metal con un mango para asirlo y dar muerte es tu única oportunidad de ser libre—.
El tronar de aplausos y gritos clamando por sangre se hizo ensordecedor un instante. El muchacho temblaba un poco, pero no era de los que se meaban encima.
—¿Qué os parece? ¡El crío tiene cojones!—aplaudió el lanista, que entonces le dirigió el que sería el primer y último discurso: —Vivir por matar. Eso debe ser tu consigna. No puedes tener un arma en las manos y salir a morir por las buenas, ¿de acuerdo? Eres un gladiador, y como tal, debes complacer a las masas con cada combate como si fuera el último de tu existencia. En tu mano, la espada; en tu corazón, el coraje. Sal ahí y demuestra lo que vales—.
El muchacho del nombre brindado por la multitud endureció los suaves muslos y las quijadas así tanto como los antebrazos… en su interior, ardía la furia de un niño nacido para ser un guerrero y había crecido demasiado rápido en poco tiempo.
La sangre de sus ancestros se revelaría entonces, y también la dignidad de su bravo e indómito linaje.
Torii le habló nuevamente, quizá como el joven no sabría jamás que el bárbaro oriental habría mirado al que hubiera podido ser su hijo, conversando casi con complicidad.
—La última lección antes de que pises la arena: la multitud no sólo aclama a los fuertes, sino también a quien sabe ganarse sus favores, y para ello, deberás ser brutal y ofrecerles un espectáculo vistoso. Si tienes la ocasión, usa algún veneno y estudia al enemigo. Dirígete al público tras cada muerte haciéndola espectacular. Y sobre todo hazlos sangrar, la multitud enloquece. Escúchalos, piden sangre; la tuya o la de cualquiera que tenga el valor de salir ahí y enfrentarse con la muerte. Enséñales que un miserable montón de carne con armadura no es más poderoso que el deseo de tu corazón… y serás libre. ¡Algún día!—.
Kerish apretó un puño, chocando la parte inferior de este contra la palma de la mano derecha.
“Así que ahora, me enfrento a un destino inevitable. ¡Pero en la muerte hay libertad y honor!”.
Alzó la mirada, oscura como la noche, entre el cabello rojizo al sol. Las rejas se estaban alzando para él y le abrían un mundo cruel donde era bienvenido por la muerte.
El joven extranjero estiró la mano hacia la derecha, y empuñó la espada, viendo cómo la imagen de su rostro se distorsionaba sobre el nervio central de la hoja y los lustrosos filos. No llevaba más que una falda marrón y unas grebas de bronce.
La placa de cuero que tapaba su pecho apenas y que seguía con un brazal hasta el dorso de su diestra no era armadura para enfrentarse a aquél terrible gigante.
Empero se levantó, y unos esclavos dispusieron de cubrirle con una armadura de escamas blancas hechas de tela y un casco que imitaba la testa de un dragón.
Le pusieron  pegadas a los muslos unas espadas cortas de hojas de filo ondulante que silbaban al blandirlas. Ya no era un niño en la pubertad.
Era un gladiador, alguien que luchaba por su vida y que servía de diversión a los que pagaban por verlo, un espadachín por cuya muerte pagaba y decidía el público.
Las rejas se abrieron, la dorada luz inundó la cámara una vez más…
Y cuando el mundo aún no conocía su nombre, empezaría a recordarlo cuando, tras resistir varios ataques terribles del guerrero del hacha y esquivarlos como una serpiente, se aproximó tanto a él que le clavó la espada en la ingle izquierda bajo la armadura y le destriparía con un brutal tirón hacia el bronceado abdomen.
El del hacha cayó, derrotado, destrozado, pero eso no le impidió mover uno de sus musculosos brazos hacia su arma en un último intento.
La espada de filos rectos se le incrustó en la muñeca al desclavarse y le fijó la mano izquierda al suelo arenoso con un terrible dolor y un sifoncillo de sangre, acompañado de aplausos y aullidos.
Entonces, los aceros de hoja serpentina gritaron su nombre antes de cruzarlos como si fueran una tijera frente al cuello del rival vencido.
El joven gladiador alzó el rostro y miró a la personalidad del palco, un hombre de vestiduras argénteas con el largo cabello negro rizado como su barba, que mostrando el pulgar de la mano derecha, giró la muñeca e hizo por señalar con el dedo hacia arriba, deslizándolo de un lado a otro de su garganta.
Era una señal inequívoca.
Con un gruñido y los músculos cargados por la tensión, aún tuvo rapidez y arte al arrancar la cabeza del hoplómaco de entre sus hombros, clavando después en esto las espadas sinuosas entre las clavículas del vencido, desparramando por el aire sendos surtidores escarlata.
Las masas enloquecieron por los rojos brotes de sangre, por la cabeza sobre la que el bárbaro apoyaba el pie izquierdo, triunfante, alzando un puño hacia los cielos, vencedor del duelo.
Luego de eso, recogió la espada corta de hoja recta, y vio en ella su destino…
La sangre que la manchaba.

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4 comentarios

  1. Me está gustando un detalle, los cambios, la evolución es gradual, y se nota la diferencia de una parte a aquí. Me está gustando mucho. Muchísimo, y ya tengo ganas de ver cómo continúa.

    …Maldito, has vuelto a conseguirlo. ¡Me has enganchado!

    30 mayo, 2011 en 21:35

  2. ¡Me siendo muy honrado por engancharte a la historia, en el buen sentido!
    Seguro que además surgen algunas preguntas en tu mente, pero las respuestas, también es seguro que las has ido encontrando casi sin darte cuenta.
    Cuando escribí esto, inconscientemente hacía lo que dices, y lo digo en una forma en la que quiero dejar claro que no tenía ni idea de cómo estaba pasando todo.
    ¡Sólo lo escribía!
    Y aquí tienes el resultado, me siento orgulloso de que tus ojos le presten aprecio.

    30 mayo, 2011 en 23:53

  3. Duhr

    Bufff una vez superado el problemilla de concentracion con una buena BSO, he podido al fin disfrutar de este capitulo. Engancha que da miedo, y una vez que se le coge el hilo cuesta soltarlo… Ahora mismo queria seguir adelante, pero no se si es muy buena idea…. aunque ahora sí estoy concentrada. Aisss quiero más!!! MÁS!!!

    Felicidades barbarito, engancha incluso a la peor lectora

    Un beso!

    26 febrero, 2012 en 22:41

  4. Eh, en el caso de que fueras la peor lectora, esto no te convierte en mala del todo, ¿sabes? ¡Aunque seguro que puedes ir empeorando en poco rato!
    Dejando las bromas a un lado, te comento: hay gente que le pasa lo que a ti y necesitan algo en su ambiente, su entorno, ya sea paz, silencio, la monotonía de coches pasando por la carretera o ausencia de ello.
    Incluso la música, que es posible que de forma sugestiva, te lleve a un trance que te haga sentirte más inmersa en la lectura.
    Y si estás enganchada a la historia y con música la disfrutas más, ¡bienvenido el cambio!
    ¡Pronto tendrás más engache!

    ¡Un mordisco, Duhr! ¡Me honra que estés disfrutando!

    27 febrero, 2012 en 0:06

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