Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

El Nacimiento (V)

Tan pronto se hallaba frente al público, el otro, un hombre negro del lejano sur con varias cicatrices por su cuerpo (ya fueran las cruces en la espalda o las líneas en sus piernas), agitaba su alabarda de derecha a izquierda, asestando una terrible batida hacia Khôr nada más pisó la arena.
Éste se retrasó esquivando el golpe, y flanqueó a su enemigo por la izquierda, mientras el hombre de oscura piel, de cuyo casco de bronce sobresalía su melena negra poblada y voluminosa, rugía descargando un golpe de incesante giro, emulando un tornado.
Al verle, Khôr no podía sino retroceder… el otro era muy ducho con la alabarda, y se diría que había dedicado su vida o parte, a luchar con ese tipo de arma.
Cuando la punta de lanza de la alabarda le dibujó un surco rojo sobre la zona frontal de las costillas, el joven lanzó varios ataques rabiosos y descontrolados hacia su oponente, que con una risa cavernosa y molesta, los esquivaba y fintaba con golpes de vara a la espalda, hombros, y el vientre del bárbaro.
Con cada golpe, el chico estaba más furioso, y se sentía más impotente.
Éste adversario era un guerrero increíble, y cuando apartó al joven con una calculada patada al pecho, pero aparatosa y sin elasticidad, se acercó desde su izquierda y le golpeó las costillas y el vientre con el mástil de la alabarda.
Dejándole dolorido y sobre una rodilla, fue a descargar sobre el caído el golpe final a distancia segura con la hoja de hacha de su arma.
El joven nómada supo en ese momento que moriría, el corte a la cabeza. Pero cuando la hoja se abatió sobre él, Khôr rodó sobre su cuerpo con una voltereta rápida como el trueno, esquivando el ataque que sólo encontró arena.
¡Ahora no importaba nada que hubiera sido esclavo, o hijo de sus padres, no importaba nada más! ¡Debía mantenerse vivo, y la única manera que tenía de hacerlo era luchando!
Así que al levantarse, usó sus extrañas armas para dar un tajo al hombre de piel negra con la mano derecha tras la rodilla izquierda.
El corte recorrió desde el flanco exterior de la rodilla y sajó el tendón de la pierna, dejando al dueño paralizado y tambaleándose por el dolor.
Luego, el negro alzó e hizo descender la media luna de acero contra la cabeza del muchacho, y éste la detuvo con sus cuchillas, rechazando el ataque enérgicamente, casi en cuclillas, agachado como un depredador, y clavó las puntas de sus armas el en hombro izquierdo que le mostraba su antagonista, desclavando con un sifoncillo de sangre.
—El tigre atrapa la luna—susurró un hombre con bigotes lacios al encapuchado maestro de los esclavos, que se sentaba a su lado.
El otro asintió con aprobación, disfrutando el combate.
—Haz una oferta. Te lo dejaré barato, Torii… aunque me ha costado tres guardianes inútiles—dijo Dkagn’kur con una risilla sardónica, acariciando a sus dos panteras, la negra y la blanca, que le flanqueaban en su asiento de piedra negra tallada.
En ese mismo instante, al derramamiento de sangre, los que veían la lucha alzaron el grito, un grito ensordecedor y aterrador que parecía hacer bullir su sangre y su estómago como si burbujease en su interior.
El gigante de piel oscura, no obstante, no se dio por vencido por el cruel ataque sufrido, y usando ambas manos, golpeó al joven con la alabarda.
Esta chocó contra las cuchillas de Khôr, que se había defendido de manera instintiva, pero elaborada, y con un terrible golpe desde abajo y arriba con sendas hojas en sus antebrazos, partió el palo del arma.
El gigante negro le lanzó un puñetazo hacia la cara con la mano izquierda, tirándose sobre Khôr con un impulso fútil usando su arma rota.
Y al esquivarlo echándose hacia la izquierda, las cuchillas del bárbaro se cruzaron juntas ante el cuello del hombre negro, deslizándose después los brazos hacia los lados con un enérgico y rabioso movimiento, seguido del ronco rugido de algo parecido a una pantera.
En el aleteo de una mosca, un gorgoteo nauseabundo y un surtidor rojo, y la cabeza del guerrero negro voló en lo que parecieron lentos segundos sobre la arena, hasta caer no demasiado lejos.
La sangre le manchó el rostro y todo el cuerpo al blanco, y al contemplar las entrañas del enemigo muerto, que aún intentaba sujetarse la cabeza, tumbó el cadáver desapasionadamente con una pierna.
El pequeño coliseo estalló en vítores y aplausos, y el chico bárbaro hizo sonar sus cuchillas de nuevo, al deslizarlas una contra otra, alzando los brazos con un grito de ira primitiva y atroz.
El sabor de la sangre en la boca, la saliva ácida y el amargo hedor de los adentros del muerto.
Y el clamor. Ese clamor espasmódico que le hacía estremecerse entre la locura y el placer, como un orgasmo y menos fugaz aún.
Era el sabor del triunfo.
—¡Ksssh… Ksssh!—gritaban unos y otros, imitando el sonido de las hojas cortas que estaban insertadas en esa especie de guanteletes.
Y continuaron gritando enfrenecidos: —¡Krissssh! ¡Krissssh!— hasta que el sonido se hizo claramente audible.
—¡Ke-Rish! ¡Ke-Rish! ¡Ke-Rish!—coreaban todos por último, alabando al campeón.
Torii le miraba desde un palco burdo y tallado en roca, al lado del Señor de Esclavos.
Al victorioso le hicieron llover chorros de licores, monedas y frenéticos alaridos para honrarle.
No tenía nombre humano que ellos pudieran saber, y de saberlo, les importaba menos que el hombretón decapitado que yacía aún sangrando y que había matado a veintisiete esclavos de los más dotados de físico sin sudar apenas.
Y el crío había sobrevivido, luchando de una manera tan despiadada como instintiva.
Los espíritus de los muertos estaban ahí para aclamarle mientras se iban a aullar al Abismo, tanto como aullaba la multitud.

Khôr murió aquel día…

Había nacido Kerish.

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4 comentarios

  1. Más que un nacimiento, creo que acabo de asistir a un bautismo de sangre, a una iniciación.

    Me gusta esa especie de dolor catárquico que viene de la pérdida de la inocencia, pero me intriga todavía más qué puede salir de aquí…

    ¡Bravo!

    30 mayo, 2011 en 20:57

  2. ¡Jajajajaja gracias!
    Ya ves qué sale de aquí… o lo que empieza a salir.
    Estoy seguro de que, hasta ahora y con el resto, encontrarás muchas más causas y motivos para que él sea como es, o es más… lo que le convierte en quien va a ser.
    ¡Nos vemos por aquí!

    P.D: ¿A que no imaginabas que obtendría así su nombre?

    30 mayo, 2011 en 23:48

  3. Duhr

    Menos mal que me lo he releído para comentártelo… Había perdido muchos detalles. Y la diferencia ha sido Ver las luchas, el escenario…. máxime siguiendo tu consejo de leerlo con la música que me pasaste. Ni color!!!
    Como dice Beth… es un gran bautismo, y aunque da un poquito de pena leer “Khôr había muerto”… emociona y pica leer que ha nacido Kerish… qué decir… pues que quiero mas!!!

    Está genial, un besazo!

    PD: gracias por esos detallitos que me suelen perder…

    23 febrero, 2012 en 13:16

  4. No hay de qué, Duhr. Pensé que quizá te motivaría más, y desde luego, también está el hecho de quién es quién y cómo. ¡Seguro que tampoco lo esperabas así!
    Y si quieres más, tendrás más 😉
    Pasa las páginas y sé bienvenida a un mundo despiadado.

    23 febrero, 2012 en 13:24

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