Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

El Oso Negro (IV)

¡Aquella criatura terrible se había librado de la muerte para llevárselo! Los hombres de Väenlond que se asombraron por el bestial espectáculo encontraron poco más tarde el cuerpo del oso y de su valiente atacante, y recogieron al joven muchacho.
El valor es importante en las tierras del norte, incluso se valoraba entre enemigos. Era como uno se ganaba el respeto.
Miraron al oso, con el cuello atravesado por una de sus lanzas, y la espada del prisionero incrustada a través de la boca, atravesando el cráneo del animal.
—¡Eh, Raabjorn! ¡Nuestro pequeño valiente sigue vivo!—dijo uno de los hombres al jefe.
El Väenn le miró, entrecerrando los ojos, y la piel de la cara del jefe guerrero, enrojecida y escarchada, se arrugó en su frente como una mueca de escepticismo.
Era cierto. El crío aún vivía, pero había cobrado la paliza de su vida. Apenas las pestañas de sus párpados podían moverse.
—Tenemos camino que hacer hasta que volvamos a ver el campamento principal—replicó uno de los restantes guerreros, —Dadle el golpe de gracia y acabemos. ¡Esta tierra oscura me tiene hasta los huevos!—.
—No. Nos lo llevaremos. Quizá podamos cambiarlo por comida. Cerca del campamento pasa una ruta comercial, y un explorador nos dijo que comercian con esclavos. Necesitamos provisiones y demás. ¿No es así, hermanos?—.
Todos rieron y uno de los hombres, el más corpulento, se echó al joven a la espalda como si fuera una mochila, con las manos y los pies amarrados. Tanto por seguridad para él como para el muchacho.
Dejaron el cadáver del oso atrás, y se encaminaron hacia otro pasaje al que acudir al campamento en la frontera.
El enfrentamiento con los Ases había sido una casualidad, porque patrullaban en busca del joven que habían raptado para chantajear al rey Aes Schrekk.
La mente de Khôr vagaba entonces en sueños de castillos que desaparecían en medio de luces, de pechos voluptuosos de chicas rubias con el pelo rizado… esos ojos grises que le acechaban en las sombras.
¿Pero eran grises…?

En cuanto aquel sitio quedó sin nadie más que el cadáver del animal en compañía del enorme lobo rojo, se puso a nevar.
El dios bárbaro se inclinaba desde su trono, augurando un oscuro desenlace a todo lo ocurrido, pues uno de sus Cymyr había derrotado siendo un crío a una colosal criatura legendaria… por amor, por la gloria, y en su propio beneficio.
Con un corazón así, ¿había destino al que no aspirase guerrero?
Jumahk, el oso negro, gruñía y se levantaba del suelo, pero sin su cuerpo.
Ahora era un espectro que se había deshecho de la carcasa que lo retenía, y rugía, rugía de tal forma que se le escuchó en el Páramo de las Bestias y todos los animales que habitaban la salvaje tierra dedicaron sus particulares gritos a la muerte del oso asesino.
El cuerpo animal, enorme, gigante, estalló en pedazos.
—Ése muchacho… ha honrado su espíritu. Que el gran tótem del Padre vele por él. ¡Antepasados, protegedle pues él ha vencido al espectro del oso condenado! ¡Que la Madre no le olvide, y guarde en la tierra donde yazca sangre para fortalecerle!—dijo el lobo rojo, viendo cómo el fantasma del oso se ahogaba en un grito, y terminaba convirtiéndose en estrellas que se fundían para convertirse en un oso blanco por una mitad, y negro por otra.
Un juego de luces fantasmales que acababan convirtiéndose en extraños copos de nieve, que se unía a un tótem grabado en la piedra bajo la nieve, quedando al descubierto un oso de piedra a un aullido del rojo lobo que hablaba con honda voz.
Cuenta la historia, de que un hechicero amaestró a un oso blanco en una negra caverna del norte, donde guardaba un tesoro… la entrada al Reino Perdido, o Reino de los Ancestros. En aquel lugar se decía que había habido una ciudad subterránea de antes de los enanos, de donde sacaban sobre todo carbón, hierro, cobre, bronce y mitrilo para sus fraguas.
Que fue la luz en un mundo bárbaro.
Y que como toda luz en los albores, algo hizo que dejara de brillar. El hielo avanzó, congeló las aguas, escarchó las fogatas, y el Reino de los Ancestros permaneció olvidado en el tiempo, más que el recuerdo del primer fuego, de la primera lluvia, y de la primera noche.
Leyendas. Decían que en Arryas no existía… o no hubo constancia de ello; ya no podría saberse.
Pasó que el oso se volvió como la tiniebla porque el conjurador le otorgó un poder por encima de muchos en el reino animal, y del pelaje, que se tornó negro, le brotaron placas como de armadura natural.
Además, el maestro le enseñó a matar a ciegas, y había extirpado de su cuerpo el dolor, aunque no del todo, y le había dotado de capacidades mágicas, aunque sin embargo, sólo era vulnerable al hierro y a la destrucción de su cerebro, cosa difícil si se tenía en cuenta el grosor de su cráneo y las bizarras mejoras.
El lobo rojo lo sabía. Observó el tótem una vez más, y luego se fue, trotando por el sendero por el cual habían bajado los hombres hasta un desfiladero.
Del tamaño de un tigre, el lobo de inteligentes ojos dorados aulló y el viento llevó su voz hasta la estepa, donde un potro de pelaje dorado y crin roja piafaba y relinchaba como si le hubieran clavado un cuchillo… donde los padres de un niño ponían fin a su preocupación.
Sabían que su hijo no volvería a casa.

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9 comentarios

  1. Me ha gustado mucho, muchísimo el final de este capítulo. Bueno, ya sabes cómo me gustan a mi los símbolos y los tótems, y especialmente, el caballo, el cuervo, el oso y el lobo. ¡A ver con qué me sorprendes ahora!

    30 mayo, 2011 en 20:01

  2. Kerish

    ¡No tendrás que esperar mucho para averiguarlo! ¡Pronto surgirán nuevos retos y situacines que determinarán la dirección que todo desembocará!

    30 mayo, 2011 en 20:03

  3. Duhr

    Que enganchada llevo al libro… No se que hacer….
    Entrenar? Leer? Entrenar? Leer?
    Habrá que ir a entrenar,…. justo ahora que estaba muy interesante y he leido por ahí (buscaba el fin del capitulo para saber si tengo tiempo o no) Ke-rish…
    Dios! no puedo esperar!!!!!!

    13 diciembre, 2011 en 15:10

  4. Es lo que suele pasar… si gusta, ¡gusta!

    14 diciembre, 2011 en 18:52

  5. Duhr

    No te digo mas, que has conseguido que deje de leerme el libro de Dan Brown “El Simbolo Perdido”

    16 diciembre, 2011 en 13:32

  6. ¡Vaya! Me parece que Dan Brown se mosquearía mucho…
    ¡Pero a mí me parece divertido que te hayas enganchado tanto! 😉

    16 diciembre, 2011 en 15:06

  7. Duhr

    Pero si ya te habia comentado esto!!! XD bueno, a ver… un recomentario a una relectura…

    Astuto crio… Siempre que vemos o leemos como alguien mata a algun animal, lo hace por la via clásica… Atravesarle el corazon, cortarle la garganta, o atravesarle la cabeza con una espada… pero me ha gustado la manera natural y obvia del chikillo de estrangularlo en lugar de pelear por hacerlo de otra manera… Muy cabezota!!!!

    Ole esa sangre fria!!! (a quien me recordará…. XD)

    Esta genial, muchacho!!!

    27 enero, 2012 en 19:07

  8. ¡Gracias! ¡No todo el mundo sobrevive a un oso terrible mejorado mágicamente!
    Heheheh, a partir de aquí, supongo que seguirás 😉

    Un saludo, Duhr.

    27 enero, 2012 en 19:53

    • Duhr

      La verdad, es que estoy mas avanzada… Pero al tener comentarios pendientes, quería releermelo y recordar detalles que en una primera lectura suelen pasar desapercibidos. Ademas, en el capitulo siguiente “el mal presagio” había cosas que no me quedaban claras, y será una gran oportunidad para refrescarlo y ampliar información.

      Otro pa ti!
      (condenado diccionario que me resalta todos los acentos faltantes….)

      27 enero, 2012 en 20:45

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