Una historia de oscura y sangrienta fantasía épica

Año 979, 5ª era Arryana. (II)

Habían pasado varios días cuando la batalla se presentó antes del atardecer en Jir’am.
La ciudadela había resistido en sus tres niveles de altura, pero fue imposible.
Los Myrrns estaban apoyados por los Väenn y eran inmensamente más numerosos, única cosa con la que no se pudo anteponer estrategia alguna, y además estaban los paladines del mal. Un ejército triplemente poderoso. La mayoría de los guerreros Väenn cayeron frente a las levas y los infantes del reino, al defender el primer nivel de la ciudadela fortificada. Ya habían topado con algunos campesinos violentos que no abandonaron sus tierras, y sin embargo, perdieron hombres entre las trampas incendiarias que echaron a perder las cosechas y las reses. En el segundo nivel de Jir’am, una poderosa carga de caballería seguida por guerreros con armadura pesada causó estragos en las filas del enemigo, y aún sin terminar de luchar durante tres días, los caballeros resistieron. Las barricadas no aguantaron a las máquinas de guerra y al ardor del enemigo, y la lucha se llevó hasta el tercer nivel, rodeado de más murallas que en el segundo y el primero.
Flanqueado por barricadas y puestos, solamente se podía acceder a la zona más rica donde las gentes también vivían, y donde se erigía la fortaleza, pasando el enorme Pórtico de Dhulliad. Allí fue donde la carnicería se volvió más reñida y violenta, y donde cayeron los Escorpiones (una élite de guerreros consagrados al Emperador), con un promedio de cincuenta y dos muertos por cada guerrero Escorpión caído. Finalmente, la lucha lamió las losas del palacio de Zuzenn, y mientras los ojos de un águila contemplaban la masacre, un puño de acero golpeaba en un rostro, apartando después a tres enemigos juntos de un golpetazo con una suerte de pared portátil. Era el que tenía los ojos de un águila de guerra, o bien se asemejaban a los de un dragón.
Kurgan blandía su espada y bloqueaba con el escudo pavés los estoques de los Myrrns, se giró con un violento golpe de escudo y los hizo caer al suelo igual que a los otros guerreros norteños que vinieron antes por su ración de violencia.
Les atravesaba sus carnes, de un púrpura pálido que se confundía con un color azulado, con estocadas rápidas y brutales derramando su vida escarlata. Sonriendo al sentirse manchado de sangre de “elfo” sombra, sus ojos entre verdosos y dorados brillaron por el amor a la batalla… había nacido para esto. Su bigote, semejante a una larga “U” invertida tomaba formas que lo hacían verse terrible, mientras su cabeza rapada golpeaba y hundía los cascos de bronce de los legionarios Väenn que, a copia de las viejas y eficaces falanges Oximitas, militaban por las armas para los instigadores de la guerra que acabaría partiendo el imperio. Aun con todo, Kurgan no se detuvo, y cada tipo que embestía en su contra, era una baja en contra del enemigo. Una lanza punzó su muslo derecho, pero la cota de malla hizo que sólo sintiera un pinchazo y saliese un fino hilo de sangre; rió, y cortó la cabeza del legionario, que aún apretaba la lanza contra su pierna, con un revés de su espada tatuada. Zuzenn había mandado que evacuasen a su esposa y a cuantos más pudieran en las carretas que debían de escapar por los enormes y antiquísimos pasadizos del reino, bajo tierra. Y salieron.
El emperador cortaba y partía los pechos y cabezas de los soldados con su hacha y su escudo, que le servía también como arma y heredó de su familia, que se iban pasando de padres a hijos desde la 3ª era.
Harto ya de que le retuviesen con las picas contra una pared, lanzó su hacha a la clavícula de uno de los legionarios Väenn que le gritaba desde lejos. El pelirrojo Väen no tuvo tiempo de subir su escudo de torreón; y yacía en el suelo sangrando a borbotones con el arma clavada en el torso entre sifoncillos de roja vida que se le escapaban.
Con ardor en su pecho y brazos, golpeó con puñetazos el bárbaro a quienes quisieron empalarlo, dando patadas en las rodillas a sus enemigos y quitando la vida con su escudo redondo a un joven Myrn.
El objeto protector con la cara de una medusa grabada como emblema cruzó el aire hasta partir el cuello esbelto que el bárbaro le mandó buscar al lanzarlo; el terrible golpe hizo saltar el cuerpo esbelto del Myrn de piel oscura y lo estampó contra la pared para sorpresa desmoralizadora de sus congéneres. Llegando hasta la cámara del trono, un amplio salón, Zuzenn se quitó la parte superior de la raída ropa y se puso una cota de placas dorada, aún tenía un minuto antes que entrasen los enemigos en esa parte del palacio.
Cogió una espada de guerra junto a su trono, que era negra con la hoja ondulante, y salió de nuevo al combate. Esta vez, lo hizo deslizándose por uno de los tapices con el emblema de su reino, una cabeza de medusa en negro, y el rojo de fondo. Subió por una esquina hasta una de las balconadas anteriores del salón del trono, y se armó de coraje, sujetando parte de uno de los tapices. Bajó hasta la posición de sus restantes hombres deslizándose peligrosamente por el aire sujeto al jirón rojo, pateando tres cabezas de Väenn, y rajando los cuellos de algunos más al tocar suelo con los pies al describir un arco de ida y vuelta con su brazo armado, fue un gran golpe a las mesnadas del enemigo que le ganó un área libre de estorbos.
Aunque la suerte de los héroes le duró poco.
Pronto, se vieron sitiados por más Feeri sombra, y se hizo notar una presencia que les miraba desde su caballo blanco, metido en su armadura de color negro, y su capa púrpura ondeando con elegancia. Su cabello era canoso por las partes junto a la nuca, y las patillas. Corto y castaño por la parte alta, y llevaba un parche en el ojo derecho. Pese a que su piel era de un tono demasiado claro para un Myrn, podría ser el general de éstos, aunque sus cabellos no fuesen blancos como la nieve.
Las legiones cesaron su ataque y el ejército de Zuzenn, todos los efectivos a excepción de la escolta que mandó con los refugiados hacia las tierras de Vilenia, cesó también a la orden de su rey. El general no hizo esperar la improvisada entrevista de combate.
—Soy el general de las legiones Traknos III, el invencible. Humilde servidor del emperador de Valaquiphia. ¿Vos quién sois? ¿Dónde está Zuzenn, el Emperador de esto?—.
Zuzenn dio un paso al frente, flanqueado por cientos de miradas asesinas.
—Mi nombre es Zuzenn, general de mis ejércitos de amigos, y el rey por sangre y acero del trono de Jir’am, el glorioso imperio que intentas usurpar para la corona de tu emperador—.
—¡Yo no usurpo nada, el viejo mundo había sido olvidado por los Reinos de la Luz y los de las Tinieblas, y yo lo reconquistaré todo para mayor gloria de mi señor! Me cuesta creer que tan pocos hombres defiendan tan bien una fortaleza como esta. ¿Y el resto?—preguntó el Myrn con tono mordaz.
El bárbaro empuñaba su espada por una guarnición roma, sobre la cual, dos puntas de oscuro metal protegían su mano. El mango para empuñarlo era lo justo para que cupieran diez dedos y tenía un pomo redondo y oscuro, al igual que la guarda era recta.
—No hay un resto, general. Todos murieron luchando. Podéis marchar en paz… o mandaremos vuestro cadáver despellejado para vuestro emperador vampiro—tronó la voz de un caballero de armadura verdosa, que sobresalía dos cabezas por encima de los hombres altos.
El emperador no le dio tiempo al general enemigo a pensar su respuesta, porque junto con Kurgan y sus demás guerreros hacían retroceder con muertos a los Myrrns, al mismo que Traknos enmudeció por la audaz ofensiva. En el momento de confusión, Kurgan cogió a Zuzenn de un brazo y lo llevó a un lugar donde no había lucha, al pasadizo bajo el castillo que estaba destinado a las retiradas de urgencia. Allí tuvo lugar lo que en los libros de las profecías llamarían el principio del fin de dos hombres buenos, el fin del imperio.
—Zuzenn, rápido. He dejado tu caballo a punto para que escapes y lleves a salvo a Naraii hasta Vilenia, ahora irán por la frontera de Madb. ¡Date prisa!—le apremió Kurgan.
—Me quedaré aquí hasta que llegue el momento de la muerte. Eres mi mejor amigo, lucharemos juntos, ¡y moriremos los dos juntos!—sentenció Zuzenn.
—¡Idiota! ¿Qué amigo vale más que uno que da la vida por otro? ¡Yo también tengo mujer y un hijo, pero están lejos de todo este peligro, y tu familia no! ¡Lárgate de una vez mientras nosotros les entretenemos!—.
El caballero se tensaba, como si le hubieran hecho un desprecio, y sus ojos de verde pardo se fijaron en los ojos castaños del bárbaro.
Se diría que una fina y casi invisible lágrima resbalaba por la mejilla de Zuzenn.
—Nunca te olvidaré Kurgan. ¡Sangre y Acero!—.
—¡Sangre y Acero!—respondió el caballero con un grito casi fanático al bárbaro.
Zuzenn tomó el caballo de color marrón que le llevó a veloz galope hasta la salida de los recovecos del enorme pasadizo, justo donde los muros de la fortaleza estaban salpicados de verde moho y le daban la espalda, dejándole de cara al bosque tras un enorme y hermoso valle.
Tardó dos días en alcanzar a su mujer y sus soldados, que escoltaban a los supervivientes de la matanza y los evacuados.
Uno de los soldados al mando de la seguridad de la caravana le expuso la situación:
—Mi señor, nuestros exploradores dicen que nos pisan los talones, y aún tenemos que llegar a Vilenia. Hemos enviado un mensajero, pero no recibimos noticias de él—.
Zuzenn asintió, meditabundo.
Cabalgaba junto a la carroza real, viendo ya que salían de la frontera boscosa. Los Myrrns marchaban imparables por las tierras que habían pisado los súbditos de Zuzenn en días mucho mejores. Avanzaron los reyes hasta las tierras Vilenias, curiosos y temerosos de lo que todos estaban pensando, ¡y era cierto! Ésta no era una visión. La enorme muralla blanca que el reino de Vilenia tenía, se erguía ante los ojos de todos los presentes. La mujer de Zuzenn tomaba de la mano a su marido para estrecharla con la presión que delataba los nervios y tensaba los peores pensamientos como flechas a punto de ser disparadas. El joven rey y emperador de tierras y hombres se mordió el labio inferior con impotencia, testigo de la verdad.
Todo estaba destruido.

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2 comentarios

  1. Duhr

    Creo que necesito una wikipedia de razas y lugares… Un mapa por favor, no estaria mal….

    28 noviembre, 2011 en 14:51

  2. Te daré la dirección de un sitio donde podrás saber todos los detalles, Duhr.
    ¡Un saludo!

    29 noviembre, 2011 en 16:31

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